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El seis de noviembre del año pasado, los responsables de Ágora, un programa de debate de la televisión pública catalana, me invitaron a un debate postelectoral. Acepté, aunque les advertí que iba a hablar en castellano, contrariando mi costumbre cuando mis interlocutores utilizan de salida esa lengua. Desde la publicación, semanas antes, de un manual de estilo para los medios públicos catalanes donde se castigaba la expresión en castellano había tomado la decisión de no volver a hablar en catalán en esos medios hasta que me pareciera oportuno.

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En el transcurso del programa, el presentador, aprovechando la irrupción de un email, me preguntó por qué hablaba en castellano, contra la costumbre. Se lo expliqué a él y a la audiencia, antes de dejar claro que hacía una excepción dada la circunstancia, porque nadie tenía por qué justificar el uso del castellano en ningún lugar de Cataluña.

El presentador, Ramon Rovira, con su cortesía habitual, me dijo que mi interpretación del manual de estilo de la televisión autonómica era errónea. Al salir, fuera de cámara, insistieron en ello, él y sus ayudantes. El caso de Peri Rossi, poeta excelente y una señora tan educada y poco amante de problemas que se negó a firmar el manifiesto fundacional de Ciutadans “por no estar de acuerdo con sus conclusiones”, aclara la interpretación.

Desde aquel incidente no he vuelto a TV3, aunque bien es verdad que eso no es noticia, ni siquiera lingüística, y que los responsables de Ágora me invitaron a hacerlo en junio para hablar del Real Madrid, CF, invitación que decliné por estar fuera de mis posibilidades.

La segregación de Peri Rossi es obra de las autoridades, naturalmente. Pero la responsabilidad, ni siquiera profunda, es de todo aquel que, no siendo un segregacionista y estando en contra de la medida aplicada y del manual reeducativo, sigue esta mañana en las radios y las televisiones públicas, tomándose un vaso de agua clara.

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A la escritora barcelonesa Cristina Peri Rossi le ha dicho el director del programa radiofónico donde colaboraba como tertuliana que tendrá que dejarlo. El motivo es que la escritora no habla catalán y la así llamada Carta de Principios de la Corporación Catalana de Radio y Televisión, aprobada el 28 de marzo, prohibe que un colaborador habitual utilice el castellano. Aunque hay que aclarar que sólo cuando el colaborador esté en antena. Esta es una de las disposiciones de un libro de estilo, hipócrita como pocos, y uno de cuyos principales objetivos es la expulsión del castellano de los medios públicos. Un libro de estilo, recuérdese siempre, aprobado bajo el gobierno de la izquierda y cuya aplicación coincide con la presencia al frente de la Generalitat de un hombre que toma lecciones semanales de lengua catalana.

Me consta que algunos profesionales de la Corporación no creían que las disposiciones previstas en la Carta se fueran a cumplir nunca. La segregación de Peri Rossi es interesante por muchas razones y una de las principales es porque desmiente a los confiados. Aparte de desmentirlos los sitúa ante la necesidad de responder a una pregunta: ¿van a seguir como si tal cosa? Por ejemplo, y sin ir más lejos, ese director de programa: ¿va a tolerar que la Carta interfiera de este modo abrupto y siniestro en su modo de hacer las cosas y en sus principios? Él apreciaba a la poeta Peri Rossi, y aunque los conductores de las tertulias no siempre escuchan a los tertulianos supongo que alguna vez notó que hablaba en castellano. ¿No se le va a caer la cara de vergüenza ante la evidencia de que un “rasgo sociológico” le ha obligado a prescindir de alguien con quien contaba desde hace años y que trabajaba bien?

Quien dice ese director dice cualquiera. La segregación no emplaza a las corrompidas autoridades políticas o mediáticas de Cataluña. Ni siquiera a su simpático Colegio de Periodistas, orgullo y prez. El caso atañe a periodistas, escritores y otra gente de palabra, así tomados de uno en uno, obligados ya a definirse ante la política segregacionista es decir, a darla por buena, justa y necesaria o a señalarle la frontera que nunca debió traspasar. Empezando, por cierto, por todos esos escritores catalanes, que escriben y que hablan en castellano: ahora ya saben que cuando participan en algún programa de la cadena pública les están perdonando la lengua y la vida.

Hasta que Cristina Peri Rossi no vuelva a la cadena pública muchos otros no deberían poner un pie en ella. Así será en mi caso, desde luego. Aunque ya aviso que, por lo que a mi respecta, no los veo especialmente nerviosos.
(Coda: “La lengua vehicular catalana sirve también para aproximar las emisoras de la Corporación a los ciudadanos de expresión castellana de nuestro país, que han de encontrar en ellas acogida y sentirlas como referentes propios”. Ley de creación de la Corporación Catalana de Radio y Televisión, 1983.”)

Arcadi Espada

FUENTE: Blog de Arcadi

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