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El primer mensaje de Fernando Savater como ideólogo de la UPD ha sido la negación de la idea de España como nación. ¿Seré yo quien deba convencerle de su error? Yo creo que él tiene la suficiente formación como para saber que el soldado que gritó en Valmy «Vive la nation» estaba expresando la aspiraciones igualitarias y democráticas del nuevo régimen. Otra cosa terminaría siendo la idea de Nación romántica que mantendrían después los nacionalismos etnicistas y totalitarios.

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Confío, por eso, en que a Savater se la deje de sudar esta idea de nación y cambie de opinión como lo hizo hace un buen tiempo en relación con el Estado. Más aún: yo creo que ha sido excesiva su confianza en el Estado como construcción aseguradora de los derechos de los ciudadanos. En ese sentido le recomiendo la lectura del ensayo de un colega suyo, también profesor de filosofía y filósofo él mismo. Me refiero al texto, admirable, lúcido, de José Ortega y Gasset sobre Mirabeau en el que distingue entre los grandes políticos y los pequeños. Define a estos últimos por su incapacidad para comprender que el Estado es una «máquina situada dentro de la Nación para servir a esta…», y, por el contrario, atribuye al gran político la capacidad para entender el destino del Estado en función de la realidad histórica que es la Nación, en la que, a su vez, cobran su personalidad y sus derechos todos los ciudadanos.

Para mí este ensayo de Ortega fue la confirmación de mis experiencias según las cuales pude comprobar hasta qué punto la ausencia de una conciencia nacional iba poniendo al Estado al servicio no ya de la idea de España, sino de las regiones con aspiraciones de Nación. Así hemos ido llegando a la gran revuelta contra los símbolos españoles; la destrucción de la lengua común; la ruptura de la unidad de jurisdicciones; la distribución injusta e insolidaria de los presupuestos… La apuesta de Savater por el Estado como instrumento abstracto de derechos cívicos, en la práctica, supondrá la sustitución de la Nación española por unas cuantas. ¡Qué talento!

César Alonso de los Ríos

FUENTE: ABC

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