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Tanto artículo sesudo, tanta columna florida, tanto debate caldeado, tanto cráneo privilegiado exprimiéndose las neuronas de madrugada, tanto análisis prospectivo, tanto balance de sumas y saldos, tanto santo temor a las trampas saduceas del malvado Pepiño, tanto dime, tanto direte, tanto ¡huy!, tanto ¡ay! .. ¿Y si nos hubiésemos equivocado todos? ¿Y si tanto los “pro” como los “anti” estuviéramos escupiendo contra el viento? ¿Y si resultara que el problema, en el fondo, fuese la solución?

Llegados a este punto y aparte, algún lector creerá que ya andamos dándole vueltas otra vez al asunto de Rosa Díez y su proyecto de tercera fuerza. Si es así, sepa que también él anda errado. Porque quien en verdad nos ocupa es Pío García Escudero. El ínclito Pío, que anteayer corrió tras los plumillas con tal de insinuarles que, si de él dependiese, el Partido Popular besaría la mano del López ese de CiU que le escupe en la cara acusándolo de “genocida”, daría cabriolas de bufón palaciego ante el PNV de Juanjo y su plebiscito separatista y tiraría de chequera sin miramientos frente a los barandas de Coalición Canaria.

Acabáramos. Resulta que en Génova hay quien barrunta que media España lleva cuatro años ocupando las calles porque le da como cosa que el pobre Pío aún no tenga su despachito con su secretaria y su Audi negro en los Nuevos Ministerios. Y que se ha pasado la legislatura fletando autobuses y comiendo de bocadillo en los arcenes de las carreteras para que el pobre Pío se eche unas risas con Artur Mas a cuenta del recurso contra el Estatut. Lo dicho, ¿no nos estaremos equivocando todos? Porque tal vez el peligro no resida en que lo de Savater y la Díez pudiese birlarle unos pocos votos al PP. Muy al contrario, el verdadero riesgo para los que seguimos creyendo en la Nación quizás esté en que no sean capaces de robarle más, muchos más.

Al cabo, aun será ésa la única manera de llevar a don Mariano a rastras hasta la puerta de La Moncloa. Y es que por cada sufragio popular que consiga arrancarles UPD en las encuestas, por lo menos, tendremos a Pío calladito durante un día. Y ya que faltan todavía seis largos meses hasta las elecciones, nuestra única esperanza ha de consistir en que los disidentes potenciales sumen miles y miles. Imaginemos lo inimaginable: al pobre Pío con el pico cerrado durante medio año. La mayoría absoluta estaría prácticamente garantizada. Vaya, doscientos diputados fijos, y eso tirando por lo bajo. En fin, si aún queda alguien con dos dedos de frente al mando de la nave, se dará cuenta de que el negocio vale la pena.

Ánimo, Rosa, a por ellos.

José García Domínguez

FUENTE: Libertad Digital

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