Una buena crítica es un gran regalo, aunque escueza. Lo malo es que hay quien confunde la crítica con la difamación impune. Te sueltan algo como “es usted un ladrón y un hijo de perra. ¡Qué!, ¿le duelen las críticas, eh?“, y se consideran un nuevo Sócrates. La tendencia, siempre muy querida en España, ha sido acentuada en los últimos años por la popularización de ciertas falacias posmodernas.

Especialmente por la que afirma que no hay hechos sino solamente interpretaciones, y que cualquier relato subjetivo puede imponerse a la investigación de los hechos. Y así se puede sostener tranquilamente que no hay diferencia alguna entre filosofía y literatura, a lo Richard Rorty, o entre historia y novela, o antropología y cuento (esto no está tan descaminado) al estilo Clifford. Con ese entramado intelectual se pueden perpetrar los mayores atropellos y encima presentarlos como dechados de un pensamiento crítico desembarazado de toda limitación deontológica, como aquella famosa de Hanna Arendt contra la costumbre de tomar los hechos como simples opiniones.

Ayer tuvimos un ejemplo de la sustitución creativa de los hechos por imaginativas interpretaciones en el largo artículo de Mikel Azurmendi sobre lo que considera el final del asociacionismo cívico vasco, publicado en ABC. No hay nada que reprochar a sus propias interpretaciones de los orígenes y evolución de grupos y movimientos que a menudo contempló a distancia y retrospectivamente (mientras la “férrea jefatura” que denuncia vivíamos en el teatro de operaciones, él viajaba por Estados Unidos o desempeñaba encargos públicos en el sur de España y Marruecos); habrá quien consideré que eso dará mayor objetividad a sus juicios, un desinterés que nunca conoceremos quienes nos hemos dedicado a ese “asociacionismo” en primera persona y a tiempo real, pero que es el interés que ha permitido que haya movimientos cívicos que analizar. El problema, pues, está en los hechos, y sobre todo en la falsificación de hechos fácilmente contrastables. Por ejemplo, el del autobús de Basta Ya de enero del 2004, aclarado por Rosa Díez en su réplica en ABC de hoy.

A mi me corresponde aclarar otros. No diré si la web de Basta Ya fue creada para la autopromoción de quienes la hacemos gratis et amore, y de hecho con gran lucro cesante. Hay modos muy retorcidos de interpretar los móviles ajenos, y no siempre merece la pena perder el tiempo en desenredarlos. Pero esto que escribe Azurmendi necesita alguna aclaración factual, que no hermenéutica: “La parálisis de todas las acciones de la plataforma en favor de las víctimas fue muy mal digerido por toda la base que provenía del apoyo a las víctimas desde Denon Artean. (…) Esta base forzó en marzo de 2006 una asamblea con vistas a debatir la nueva situación de la lucha contra ETA tras la ruptura del Pacto antiterrorista así como aspectos relevantes de la manera de dirigir la plataforma. Los dirigentes hicieron caso omiso de ambas cuestiones y, ante su mensaje optimista de esperar el resultado de las negociaciones, vaciaron de labores a la plataforma y la convirtieron en una página de internet. Una web para recoger artículos de opinión y establecer las bases de promoción personal de varios líderes y, a medida que éstos iban descorazonándose ante las cesiones de Zapatero a ETA, empezar a criticarle de nuevo y promover el lanzamiento de su proyecto de nuevo partido político.”

En primer lugar, la asamblea a la que se refiere Azurmendi no fue “forzada”, sino acordada entre todos; por cierto, Basta Ya nunca ha sido un colectivo asambleario, de ahí que fuera excepcional. En segundo lugar, las bases a las que se refiere, y en cuyo nombre intervino en aquella asamblea -en total, Azurmendi habrá asistido en los ocho años de vida de Basta Ya a tres o cuatro reuniones-, no buscaron ningún acuerdo, sino que exigieron que Basta Ya se plegara a la estrategia de confrontación absoluta del PP, siguiendo el camino del Foro Ermua. En tercer lugar, las famosas bases que así pensaban sumaron unas 22 o 24 personas -casi todas del PP- de una asamblea a la que asistieron casi 100 (no tengo el acta a mano, pero existe y la redactó… un concejal donostiarra del PP que no era de esas bases, sino veterano activista del colectivo). En cuarto lugar, algunas de esas personas nunca habían participado en debate alguno dentro de Basta Ya, ni las conocíamos siquiera (esta especie está multiplicándose mucho últimamente; recuerda a la de los antifranquistas sobrevenidos de la izquierda zapaterista). Y para finalizar, esas personas se marcharon de Basta Ya -alguna se marchó ese día por tercera vez-, dando un portazo, porque la mayoría no compartimos su propuesta. Y eso es todo. Cabe añadir que las famosas bases críticas, benditas sean, no han sido capaces de poner en marcha por su cuenta otro movimiento cívico vasco para sustituir al nuestro, según ellos rendido a Zapatero.

Ah, queda algo más: la costumbre de hablar en nombre de anónimas y disponibles bases que uno convoca y disuelve a capricho, según convenga, es de tradición izquierdista. Algunos siguen aferrados a su fantasía de ser vanguardia de algo, ahora de las víctimas de ETA o de un movimiento cívico en el que han participado tangencialmente y ahora dan por difunto. Lo que no acaba de morirse, ya se ve, es su maoísmo residual.

Carlos Martínez Gorriarán

FUENTE: Basta Ya

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