El pueblo, la sociedad, los ciudadanos siendo el origen del poder -ya muerta la monarquía absoluta que reinaba por la gracia de Dios-, han sido relegados por los políticos “tradicionales” que conforman Ejecutivo y Legislativo (dos poderes) con el apoyo interesado de grupos de presión y la inestimable colaboración de la Justicia (el tercer poder), al menos de sus órganos mas representativos totalmente politizado, y campo de batalla de los partidos “tradicionales” para doblegar sus resoluciones, los ciudadanos han sido relegados, repito, al triste papel de comparsas festiva cada cuatro años, objeto de compromisos falaces –“las promesas electorales se hacen para no cumplirlas”, Tierno Galván dixit-, y así nos va.


Pocas veces hemos visto a la sociedad tomar las calles, manifestar su poder: crimen de Atocha, 23-F, asesinato de Tomás y Valiente, 11-M, manifestaciones de la AVT, T-4 pero en todos estos casos, reconozcámoslo, de forma unitaria o partidista, ha sido convocada, abanderada y capitalizada por los partidos, en definitiva, sojuzgada por ellos. No entro en la justificación, o no, de estas manifestaciones, yo mismo he estado en casi todas, sino en que su convocatoria o en sus resultados, siempre han estado, unidos o separados, los partidos “tradicionales” y en gran manera las han rentabilizado, como poder de convocatoria, ellos.

Desde el 2 de Mayo de 1808, sólo recuerdo una vez en el pueblo tomó las calles por sí mismo, con repercusión nacional y europea: ERMUA. Los ciudadanos plantaron cara a los pocos vecinos desalmados que, respaldados por asesinos, les habían secuestrado la libertad hasta ese momento, los acorralaron y les hicieron sentir el miedo que, durante muchos años, les habían impuesto esos “gudaris de mierda”, haciendo que algunos abandonaran el pueblo, demostrando la misma calaña y valentía que los “valerosos gudaris” que la noche de 23-F cruzaron, a remo, el Bidasoa en busca del refugio francés. Y, como no, faltó tiempo para que apareciera en las pantallas el lendakari Ardanza, reclamando que los ciudadanos se retiraran de las calles para evitar enfrentamientos violentos, que dejaran que los políticos, aquellos que habían permitido esa trágica situación, tomaran cartas en el asunto. Ya hemos visto como las tomaron, adormeciendo a la sociedad, destruyendo, radicalizando o fagocitando y atrayendo hacia sí, a la mayoría de aquellos movimientos cívicos surgidos en esa coyuntura.

Me pregunto si estaríamos actualmente padeciendo la locura del “iluminado” si en aquellos días de justa ira, la sociedad, los aterrorizados por los asesinos y sus cómplices, no se hubieran contenido tanto y hubieran aplicado un tratamiento de violencia mínima sobre sus opresores, … No ocurrió y aquí estamos, pero reconozco que en aquellos momento me quedé con cierta gana de que hubiera sucedido.

Mientras que no exista una auténtica regeneración de nuestra insatisfactoria e incompleta democracia, los ciudadanos no volveremos a tomar nuestro lugar en la Historia de España, no volveremos a se el Cuarto Poder y, por importancia, el primero de ellos.

Esta es la razón que me lleva a formar parte del proyecto de Unión, Progreso y Democracia, un partido que nace con la vocación de devolvernos gran parte del poder democrático a los auténticos soberanos, los ciudadanos. Devolvernos mayor capacidad de decisión política, devolvernos la capacidad de exigir responsabilidades políticas por el incumplimiento de compromisos electorales, devolvernos la igualdad real de todos ante las leyes y la igualdad de las leyes para todos, devolvernos la independencia e imparcialidad de la Justicia, devolvernos la igualdad fiscal, devolvernos los derechos que políticos sectarios les habían secuestrado en nombre de territorios o lenguas, devolvernos una Educación moderna, de calidad y no adoctrinante para nuetros hijos, devolvernos la igualdad de nuetrso votos, independientemente de nuestro lugar de residencia.

UPD, un partido que nace con la vocación de realizar una política “transversal” (tomando sin complejos de la derecha o de la izquierda lo mejor que cada situación requiera) y “renovadora”, de restar parte del poder omnímodo del que se han rodeado los aparatos políticos “tradicionales”, de forzarles no sólo a pensar en lo que “ellos” piensan que debería ser mejor para sus intereses partidistas, sino en lo que es mejor para España.

Ambos grandes partidos, PP y PSOE, han dispuesto de mayorías absolutas que les habrían permitido abordar, al menos, algunas de la reformas necesarias, de no haber primado sus intereses de permanencia en el poder. Esto es un hecho irrefutable. Mientras no consigamos la representación necesaria para completar dichas reformas, aspiramos a apoyar a quienes en ese momento, se comprometan fehacientemente a llevar a cabo las más importantes de ellas. En este momento de zapaterismo galopante y desquiciado, ese acuerdo, sería imposible con el PSOE.

Juan Espino

FUENTE: Blog de Regeneración Democratica / Basta Ya

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