Me llaman de una agencia para que les aclare si nuestra idea de la nación es como la de Savater, por aquello de que “la idea de España me la sopla“, actualizado a preguntas de un periodista en la presentación de su muy recomendable Diccionario del ciudadano sin miedo a saber (Ariel). Un librito quintaesenciado, sin un gramo de pedantería ni de erudición gratuita.

Pero íbamos a los resoplidos y sudores que las declaraciones de nuestro Fernando provocan en ciertas sensibilidades. Le aclaro a la periodista que no hablo en nombre del amigo, sino que le voy a explicar algo muy simple: que ideas de España hay tantas como españoles (unas 44.000.000 millones, creo).

Que el problema no son esas ideas -FS tendrá la suya, claro-, sino la insistencia de algunos autoerigidos guardianes de la nación en que hay una Idea de España obligatoria: pues mire, esa es otra variedad del nacionalismo obligatorio que detestamos. No estamos aquí para soportar a gente que habla en nombre de Cataluña, que te quiere meter a balazos la gran Euskal Herria o que vocifere tu presunta obligación de asumir su Idea de España. Lo que importa de la nación es que es una sociedad de ciudadanos que comparten una comunidad con muchas dimensiones, pero cuya dimensión más importante es la ciudadanía en un Estado.

En un Estado de derecho, naturalmente (comparto con los liberales la idea de que lo único que justifica al Estado es su obligación de garantizar las libertades públicas e imponer la paz monopolizando estrictamente el ejercicio de la violencia). Vamos, que lo importante es la ciudadanía española, no la fantasmagórica Idea de España que parece formulada por un Hegel de zarzuela.

Así pues, la única idea de España que debemos aceptar los 44 millones se llama Constitución. Fernando Savater lleva defendiendo muchos años la ciudadanía española, y explicando que ser ciudadano comporta tanto derechos y libertades personales como obligaciones y responsabilidades comunes. No conozco a nadie que haya defendido tan bien este sencillo y vital principio como Fernando Savater, ni que haya estado tan amenazado y perseguido durante tanto tiempo por hacerlo tan claramente, cuando podía haberse dedicado a sus cosas y mientras algunos de sus críticos actuales iban con dodotis.

 Para mí, y para cualquiera que no se crea Don Pelayo, eso es defender España. Fin. La periodista se queda más tranquila. “¡Uf -dice-, lo ha explicado usted muy bien!” Gracias. Seguro que nosotros tendremos todavía que oír muchos resoplidos, y si sólo fueran resoplidos …

Carlos Martínez Gorriarán

FUENTE: Basta Ya

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