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Es triste y penoso comprobar una y otra vez cómo el diario El País, que por tradición y prestigio, así como por el rigor que le exige su estricto Libro de Estilo, estaría llamado a constituir una excepción en el panorama de la prensa española, incurre cotidianamente como los otros medios sensacionalistas o ideologizados en el partidismo y la parcialidad política más descarados.

Esta vez ha sido en la versión digital del diario de PRISA del pasado 13 de septiembre, en una noticia sobre la supuesta irritación provocada en el seno de Ciudadanos. Partido de la Ciudadanía por unas afirmaciones de Rosa Díez, en la que el redactor se permitía la impertinencia de incluir como causa indirecta del hecho y a la vez como agravante de la dimensión de la noticia la opinión de que tanto el partido liderado por Albert Rivera como el impulsado por la ex-eurodiputada del PSOEUnión, Progreso y Democracia – reniegan de los nacionalismos tradicionalmente denominados periféricos pero no del español, dejando la insinuación de que quizá porque precisamente abrazan esta última ideología:

Ciutadans(C’s) vio aparecer ayer otro nubarrón en su siempre agitado horizonte. Rosa Díez desembarcó en Barcelona dispuesta a medir las fuerzas de su todavía embrionario partido con la formación de Albert Rivera, con la que comparten una aversión similar a los nacionalismos no españolistas.


Con esta tergiversación de la objetividad y de la realidad, El País no sólo se equivoca una vez más y toma partido descaradamente por las últimas tesis sobre la materia asumidas por la dirección del PSOE y el Gobierno actual, sino que incluso asume como propias las consustanciales a los partidos nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, que sobre todo a través de sus brazos ejecutores – sus Juventudes – suelen saltar como resortes respondiendo agresivamente a cualquier entidad o persona que les atribuya la condición de nacionalistas, insolidarios y excluyentes con el gratuito juicio de valor, que intentan colar como argumento, de que el motivo de tales afirmaciones o acusaciones no es otro que la condición de nacionalistas españoles o españolistas de quienes las formulan.

P.D. para el redactor de la noticia, el jefe de redacción que se lo permitió y los editorialistas en general de El País, ya que nunca me dirijo a los que han sido educados en el odio nacionalista y no han tenido la suficiente personalidad para desprenderse de esas ideas con el paso del tiempo o aún no han disfrutado de éste para poder hacerlo y, por tanto, les falta un hervor para comprender que están siendo utilizados para hacer el trabajo sucio de hostigar socialmente a la población no nacionalista:

Ni Ciutadans. Partido de la Ciudadanía ni Unidad, Progreso y Democracia abrazan las ideas de ningún nacionalismo, puesto que precisamente la esencia de sus señas de identidad reside en el objetivo de un Estado auténticamente laico y su consecuente objetivo de que cualesquiera ideas subjetivas, sentimentales, irracionales sean expulsadas de la vida pública (que no de la privada) en aras a impedir que ningún moralismo, que siempre incuba una tendencia al totalitarismo y entre el que se cuenta también, junto al nacionalismo, el clericalismo de la derecha pura, sean impuestas por una parte de la sociedad al resto a través de las instituciones y la legislación. La lucha por lograr un Estado verdaderamente laico (imparcial, neutro) no sólo tiene que ver con el clericalismo, sino también con el nacionalismo, que como aquél es la manifestación de una forma de religiosidad con pretensiones de conformar a toda la sociedad. Y esos dos partidos ya se han pronunciado contundentemente contra cualquier veleidad política en ambos campos y, por lo tanto, para nadie de buena fe, y menos para un medio de información objetivo e imparcial, deberían ser sospechosos de favorecer a algún tipo particular de nacionalismo en detrimento de otros.

El abuelo

FUENTE: Segundas Impresiones

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