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No sé de qué nos sorprendemos; Zapatero está haciendo para finalizar la legislatura lo mismo que lleva haciendo desde que ganó las elecciones en marzo del 2004: sonrisas, improvisaciones, gestos… Cualquier cosa menos gobernar.

La legislatura se ha caracterizado porla falta de cuajo de cada decisión gubernamental. La apertura de un proceso constituyente que de hecho ha supuesto la revisión de los Estatutos de Autonomía a demanda de los nacionalistas o por imitación del Estatuto de Cataluña es un buen ejemplo de una política sin rumbo ni destino prefijado. El otro gran asunto que ha ocupado a nuestro Presidente ha sido la política antiterrorista. En esta materia ha mostrado la misma carga de desconocimiento e irresponsabilidad que en lo concerniente al modelo territorial del Estado. Es como si se hubiera propuesto cumplir a rajatabla aquella promesa de la noche electoral:”No voy a cambiar”. Y lo peor es que lo ha cumplido.

La responsabilidad que conlleva la asunción del cargo no le ha cambiado nada; no le ha hecho ser más mesurado, más participativo, más humilde; no le ha llevado a escuchar a  sus mayores,  a quienes le querían ofrecer sus conocimientos, a quienes desde la más absoluta de las lealtades le querían ofrecer experiencia y consejo. Ya se lo dijo a su esposa, Sonsoles Espinosa: “Cualquiera puede ser Presidente del Gobierno”. Como además en su entorno estaban convencidos que tenía “baraka” (hace mucho que ya no lo dicen…) llegó a sentirse iluminado por una especie de designinio y decidió salvarnos de nosotros mismos. Y se embarcó en un proyecto que habría de llevarnos al mayor de los fracasos en materia antiterrorista; no porque no hayamos vivido tiempos peores, sino porque a esta situación hemos llegado por puro capricho y empecinamiento de un hombre conjurado consigo mismo a no escuchar a nadie. 

Y ahora, a final de legislatura, repite la jugada. Poco le importa lo que piense el Vicepresidente Solves o el Banco de España: él, a manejar la chequera y ofrecer subvenciones generalizadas a diestro y siniestro. Poco le importan los resultados practicos de sus anuncios. Sabe que para cuando la gente se de cuenta de que les está vendiendo humo ya habrán pasado las elecciones. Patético me ha resultado el anuncio, la escenificación, en las escalinatas de la Moncloa; parecía que nos iban a anunciar un bautizo, una boda o un programa de concursos de televisión. Pero aún más patetica ha resultado la segunda salida del Prsidente, desmientiendo a todos los que le han hecho ver —editorial de El País incluido– que estaba anunciando unas medidas que ya estaban en vigor que ya estaba en vigor. La traca final, que le llama Rodríguez Azpeolea a toda esta serie de anuncios econonómicos de fin de legislatura es uno de los espectáculos más impúdicos que yo recuerdo. No es ya que los expertos dudden de la eficacia de las medidas anunciadas; lo peor es que este Presidente se cree que puede costear la campaña electoral del PSOE a cargo de los Presupuestos Generales del Estado. Ya lo dijo Carmen Calvo, anterior Ministra de Cultura: “El dinero público no es de nadie”. Se ve que Zapatero participa de esa opinión; como no es de nadie, pues es nuestro ( o sea, suyo). O sea, a hacer campaña para el PSOE. Qué pena de país; y qué pena de partido socialista.

Rosa Díez

FUENTE: El Blog de Rosa / Basta Ya

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