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A partir del artículo de Domingo Puerta en su bitácora El inconformista digital en esta misma comunidad, no puedo sino sumarme aquí y ahora a la divulgación de la noticia que con su habitual mesura y acierto expone él.

Con diferencia, Unidad, Progreso y Democracia (UPD), desarrollo y extensión coherente a todo el territorio español de su antecedente (que no embrión) desde Cataluña Ciutadans, constituye el proyecto político más interesante e ilusionante en España desde 1982. Ya solo con que detrás de él estuviera Fernando Savater, sería suficiente para otorgarle el beneficio de la duda.

Claro que, a estas alturas todavía hay muchos de los que se expresan pública e histriónicamente y no se callan ni debajo del agua (desde políticos hasta periodistas y columnistas), que no se han leído ni un solo libro del filósofo y profesor donostiarra; y entre muchos ciudadanos de a pie, ni un artículo periodístico, en casi cualquiera de los cuales, como en muchos de aquéllos, ya sea directa o indirectamente, el profesor universitario regala constantemente deslumbrantes lecciones de inteligente rebeldía política, social y vital, desde una perspectiva hedonista y gozosa, profundamente constructiva, ante cuya sabiduría debería caérseles la cara de vergüenza a innumerables políticos oficialmente de izquierdas o considerados como progresistas, que no han tenido ningún reparo en ningunearle, cuando no lincharle dialécticamente, por considerar estúpidamente que la plataforma de defensa contra la imposición social del nacionalismo radical que lideró en el País Vasco con un coraje admirable y emocionante, Basta Ya, era un arma ofrecida en bandeja de plata al Partido Popular (PP), y que de esta manera han quedado relegados, por comparación con la estatura intelectual del ensayista, a la condición de vulgares, oportunistas e histéricos demagogos.

En cuanto a la viabilidad del nuevo partido que está impulsando como alma mater, como diría el maestro, da igual si resulta una alternativa de poder o no: aparte de que el objetivo inicial es sólo ejercer el papel de grupo parlamentario bisagra para apoyar al resto de partidos nacionales e impedir el constante victimismo y chantaje de los grupos nacionalistas en el Congreso de los Diputados y a la hora de formar Gobierno, en el fondo la cuestión estriba en que si una persona no está íntimamente satisfecha con el ejercicio del poder que observa y padece, sólo adquiere de hecho su status de ciudadano y sale del de súbdito pasando de la queja estéril al intento de participación social y política para influir activamente en la toma democrática de decisiones.

Por encima de ideas políticas y sociales de derechas o de izquierdas se encuentran aquéllas transversales, propias de un histórico liberalismo político bien entendido, que garantizan la base común e innegociable de la igualdad legal y los derechos fundamentales, en peligro en algunas Comunidades Autónomas ante el avance de la presión nacionalista más mediocre y la mal entendida benevolencia del Partido Socialista (PSOE) ante ella. Los que no entienden esto seguirán intentando linchar en los medios de (in)comunicación a iniciativas como las que me ocupa, atribuyéndoles, en el mejor de los casos, una indefinición ideológica abierta a cualquier arribista y sólo digna de un prematuro final electoral; y, en el peor, una ideología anacrónicamente centralista, si no directamente ultraderechista.

El activismo político de Savater no es más que la concreción de su coherencia filosófica e ideológica desplegada a partir del infamante estado de cosas existente en su tierra natal, el País Vasco, de la que está exiliado de hecho (entre otros miles), y en donde al terrorismo se une la vileza de unos políticos nacionalistas que se aprovechan de sus efectos para ir modelando a una sociedad civil plural dentro de la horma de una ideología sentimental falsa y retrógrada que prima el territorio y el deletéreo origen histórico del quimérico pueblo vasco a los derechos individuales, como ciudadanos, de sus habitantes reales. En donde, en definitiva, el objetivo no debe ser la paz, sino algo previo y más básico: la libertad, que como cualquier interesado en la Ciencia Política sabe, es el origen de todo lo demás, el objetivo para cuya obtención, al menos en una dosis factible, la paz es sólo un instrumento (imprescindible, pero instrumento al fin y al cabo).

«Nuestros votantes vendrán de los hartos del nacionalismo del PSOE y el clericalismo del PP» (Fernando Savater).

El Abuelo

FUENTE:  Segundas Impresiones. El País.com / Comunidades

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