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El gobierno de Zapatero sigue empeñado en pagar la campaña electoral del PSOE con recursos públicos, anunciando, por ejemplo, ayudas a los jóvenes que alquilen una vivienda. Parece que las ayudas serán las mismas dentro de un amplio margen de rentas que, según el propio gobierno, compartirían ocho de cada diez jóvenes españoles entre los 22 y los 30 años. Vamos, que la concepción que la inspira es semejante a la demagógica ayuda de 2.500 euros por hijo con independencia de la renta de los afortunados padres, se trate de emigrantes con trabajo precario o de la familia Botín.

Aunque en este caso parece que se excluyen a dos de cada diez posibles beneficiarios, supongo que a los muy pocos que ganan más de 22.000 euros al año o a los bastantes que están parados o estudian y no ingresan ni por tanto alquilan nada, el tono populista de la medida se hace evidente en cuanto se repara en las enormes diferencias de precios de alquiler de vivienda que median, por ejemplo, entre Madrid, Barcelona y las ciudades vascas y mediterráneas de las pequeñas ciudades del interior y las comarcas rurales. Pero no importa, porque la idea del gobierno, como en el regalo monetario por hijo, es que la ciudadanía se emocione pensando en el dinero contante y sonante que el Gobierno de España (pegue aquí el logo) pondrá en el bolsillo de los numerosísimos afortunados, con independencia de que vivan en Madrid o en Almendralejo y estén separados por grandes diferencias de gastos e ingresos, es decir, de renta real.

Lo progresivo hubiera sido anunciar ayudas al alquiler en función no sólo de los ingresos, sino del gasto. No es lo mismo dar 210 euros mensuales para pagar un alquiler de 300 euros que para otro de 1000, probablemente compartido con otros inquilinos -en ese caso, ¿cobran todos o van a escote?-, y menos todavía si los ingresos del afortunado o afortunada son, pongamos, de 600 o 1200 euros. Pero tan evidente injusticia les da lo mismo al Gobierno y al PSOE, que hace tiempo han dejado de seguir políticas progresistas de redistribución de la renta para apuntarse a una mezcla muy cañí de Bienvenido Mister Marshall con la Corte de los Milagros. Si la socialdemocracia clásica y el liberalismo igualitario confían a las instituciones públicas la política de resdistribución progresiva de la renta encargada de hacer posible la igualdad de oportunidades para todos, ahora llega el zapaterismo y redescubre la muy hispánica y picaresca lotería. Las VPO también se “regalan” por el procedimiento del sorteo, en lugar de mediante asignaciones a los más necesitados y bajo el debido control. Numerosas voces, tanto del mundo inmobiliario como de Izquierda Unida, avisan además de que el remedio podría ser peor que la enfermedad: los propietarios de viviendas en alquiler podrán subir los precios gracias a esa subvención indirecta que les promete el propio gobierno, pero con tu dinero y el mío… Pues si un joven inquilino ya paga 400 euros al mes, ¿por qué no iba a pagar 550 con esa ayudita del gobierno?

Paternalista, demagógico y marrullero, el Gobierno de Zapatero es el campeón de las políticas reaccionarias. Las constantes concesiones a los nacionalismos, como la inversión extra prometida para Cataluña el año que viene (comprometiendo al gobierno que salga de las próximas elecciones), son la otra cara de la misma moneda: la erosión constante de los principios de igualdad en todos los dominios. No es que los “territorios” sean cada vez más desiguales por ley, sino que también lo serán los individuos que vivan en ellos. Van listos los que no tengan la lotería de ser jóvenes subvencionables, madres paridoras o nacionalistas con el cazo bien puesto. Es decir, la gran mayoría, cuyos impuestos pagan los caprichos populacheros de un gobierno que trata a los ciudadanos como imbéciles o menores de edad.

Carlos Martínez Gorriarán

FUENTE: El Blog de Carlos / Basta Ya

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