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Patxi nos califica de inconstitucionales -¡como el PP, que defiende la Constitución en Lizarza mientras él perora sobre el derecho a decidir!- porque, según dice, no aceptamos “la diversidad de la España plural”. Desde luego, esa expresión ni siquiera aparece en  la Constitución, que obviamente no ha leído siquiera; bueno, quizás sí, pero entonces la lectura habrá pasado por su cabeza sin dejar rastro alguno. Lo que está claro es que Patxi López no sabe exactamente qué es y para qué sirve una constitución, aparte de para manipularla y tergiversar su sentido, como ha hecho su partido con el Estatut catalán o en la negociación política con ETA, en la que él mismo ha participado con los resultados conocidos. Porque además de inmorales, son estúpidos en el sentido clásico del concepto: gente que hace grandes daños a otros e incluso a sí mismos sin conseguir nada a cambio.

Lo que nosotros no aceptamos, a diferencia del PSOE actual, es su “España plural”: un puzzle de territorios cada vez más cerrados y aislados entre sí, dominados por pequeños y cerrados trusts de partidos y burocracias identitarias. Su “España plural” destruirá la igualdad y convertirá las libertades y obligaciones constitucionales, iguales para todos, en mera charlatanería; ya lo está haciendo. España es un país plural, naturalmente, como lo son Holanda, India o Argentina, pero no porque sean países compuestos por diversos territorios, sino porque sus ciudadanos son, somos, diferentes, de manera que la sociedad resultante es plural: eso es todo. Los territorios no son sujetos políticos ni tienen derechos y obligaciones, y por eso no pueden invocarse para privar de los suyos a los ciudadanos, ni para levantar nuevas barreras entre ellos -por ejemplo, barreras lingüísticas y fiscales- que parcelen el territorio común de todos ellos, que no es otro que el del propio Estado común. Ahora bien, los socialistas actuales llevan tanto tiempo hablando de “los derechos de Cataluña” -no de los catalanes- o de “la España plural” -no de la pluralidad de los españoles-, que han olvidado por completo los compromisos originales de su partido, nacido para combatir esa clase de tópicos reaccionarios. El PSOE es, a día de hoy, un partido reaccionario, y por eso se entiende estupendamente con los nacionalistas, los más reaccionarios de todos.

Patxi López también aspiraba a fundar un nuevo trust monopolista vasco con socios nacionalistas, primero con Batasuna una vez conseguido el fin de las hostilidades con ETA, luego con el PNV una vez fuera éste reconducido por Imaz a posiciones menos impresentables. Ambas pretensiones han fracasado. Según una información altamente verosímil, a sus primeros aspirantes a socios les estarían ahora buscando colocación en pago de los servicios prestados, aunque más probablemente para que no cuente lo que decían en privado, en la Mesa de Partidos, Patxi, Eguiguren y compañía. Y del caso Imaz, un bluf, ya hemos hablado. El caso es que el PSE, dirigido por la facción más torpe, indocumentada y lamentable de su larga historia, está consiguiendo fracasar estrepitosamente en todos y cada uno de los empeños estratégicos que acomete, impropios además de un Estado constitucional respetable. Lo que no es de extrañar considerando que Patxi ni siquiera entiende el significado de “constitucional” o “inconstitucional”. De momento va camino de conseguir que la rama vasca del PSOE, un partido tan respetable e histórico -el partido de Meabe, Indalecio Prieto y Fernando Buesa, y de nuestro amigo y compañero Joseba Pagazaurtundua-, acabe convertido en el chiringuito de Patxi López y Txarly Prieto al servicio de Rafa Díez y Rufi Etxeberria. Grandísima transformación.

Carlos Martínez Gorriarán

FUENTE: El Blog de Carlos / Basta Ya

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