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¿Han perdido su sentido las plataformas ciudadanas del País Vasco, después del anuncio de la creación del nuevo partido encabezado por Rosa Díez? En todo caso, se están viendo abocadas a redefinir su papel, como demuestra la «revuelta interna» en el Foro de Ermua contra su presidente, Mikel Buesa, por comprometerse con ese proyecto político.

Esta entidad ahora convulsionada y «Basta Ya» han escrito en los últimos años algunas de las mejores páginas de vigor cívico de la historia de España, en su rebelión democrática frente al terror de ETA y a las imposiciones del nacionalismo, pero aquel eje «bien engrasado» no ha vuelto a ser el mismo desde que el PSOE aniquiló «de facto» el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, reducido hoy a las cenizas de los mutuos reproches. Ahora, con la nueva fuerza política de Díez y Savater en escena (la provisionamente bautizada como Unidad, Progreso y Democracia) han cundido en el seno de estos grupos cívicos dos corrientes de opinión: una estima que su utilidad, crucial en otro momento y capaz de reunir en las calles de San Sebastián a más de cien mil personas contra ETA, se extingue con ese «trasvase» de una parte del movimiento a la política, mientras que en otros ámbitos se aboga por seguir adelante con redoblada energía en una situación de «emergencia nacional» derivada de la política centrífuga del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en esta legislatura.

En esa línea se sitúa el sector dominante en el Foro de Ermua, que reivindica el éxito arrollador de su manifestación de febrero en Madrid y la fértil actividad jurídica de este grupo cívico en defensa de los símbolos nacionales y del Estado de Derecho, al lograr incluso sentar en el banquillo al lendakari Ibarretxe por reunirse con Arnaldo Otegi.

El propio Buesa siempre ha considerado (sin que sus compañeros lo hayan sabido entender) que su opción personal de militar junto a Savater debía ir por un lado y, por otro, la actividad del Foro. Del mismo modo, Carlos Martínez Gorriarán, uno de los promotores del nuevo partido, insiste en que UPD no puede sustituir a «Basta Ya».

Obligada toma de posiciones

Pero ese voluntarismo, que aspira a no tirar por la borda años de lucha democrática, no ha sido suficiente para mantener la cohesión en el seno de estos grupos, impelidos en estos últimos tres años a replegarse, a alzar la voz en mitad del chaparrón o a dar un «salto cualitativo» como el que ahora han protagonizado una parte de los miembros de «Basta Ya» al constituir la nueva fuerza política. Se trata de una iniciativa arriesgada, secundada por una parte importante de ese colectivo «matriz», pero rechazada por algunos de sus miembros más activos (no necesariamente los más conocidos). En todo caso, la irrupción del partido ha obligado a una toma de posiciones ante el mismo hecho de su existencia y de su pretensión inmediata de presentarse a las elecciones generales. Y el Foro de Ermua ha entrado en combustión. La máxima reiteradamente defendida por esta entidad de que «el objetivo absolutamente prioritario es desalojar a Zapatero del poder» se ha traducido en un mayoritario apoyo tácito al PP, como revela la laminación de Buesa y su probable relevo por el historiador Fernando García de Cortázar.

El «caso Savater»

El primer disenso en cuestiones indiscutidas antes de la llegada de Zapatero al poder surgió en el movimiento cívico en 2005, cuando el presidente del Gobierno quiso preparar el terreno para su «proceso» buscando respaldo en la proyección de algunas de las personas de la resistencia democrática que él consideraba «de referencia». Con un acercamiento estratégico al filósofo Fernando Savater y al periodista José María Calleja, Zapatero quiso guarecerse y evitar las salpicaduras de las posibles críticas. Y pareció que lo lograba, en primera instancia. Ambos decidieron otorgar un margen de confianza al jefe del Ejecutivo, lo que desencadenó los primeros recelos internos en las plataformas, porque no todos los miembros de «Basta Ya» y del Foro de Ermua (no digamos de la asociación mayoritaria de víctimas, la AVT) estaban por la labor de allanar el terreno de una negociación que desde un primer momento se planteó sin luz ni taquígrafos. Y sin siquiera una declaración de «tregua» por parte de los terroristas, ya que el «alto el fuego» no llegó hasta marzo de 2006.

Savater se dio cuenta pronto de su error y se situó en una posición abiertamente crítica, a la vista del desarrollo de los acontecimientos y de la traición del PSE a la causa constitucionalista, cuando Patxi López «tragó» con las «dos mesas de negociación» exigidas por ETA, la «técnica», sobre los presos, y la política, que suponía poner en cuestión la legitimidad de las instituciones democráticas. Pero el «daño» en el movimiento cívico ya estaba hecho, y los recelos, sembrados.

«Basta Ya» se partió en dos en aquellos momentos convulsos: el sector de Savater y Carlos Martínez Gorriarán se distanció de la política de grandes manifestaciones en la calle, mientras otras voces de peso, como la de Mikel Azurmendi, se desplazaban hacia el Foro de Ermua, mucho más beligerante ya entonces contra el Gobierno.

El «intercambio de militancia» entre plataformas que hasta entonces era generalizado (muchísimos miembros de «Basta Ya» estaban a la vez en el Foro, y al revés) menguó notablemente. Con «deserciones» tan notorias como la del alcalde de Ermua, Carlos Totorica, quien no sólo dejó el Foro, sino que lo ha llegado a colocar en la picota al dar cobertura municipal a una petición para instar a ese colectivo a dejar de utilizar el nombre del pueblo.

Mientras la entidad presidida por Mikel Buesa secundaba todas y cada una de las manifestaciones de la AVT, el grueso de «Basta Ya» (no todos sus miembros) veía en esas movilizaciones un excesivo sesgo de cercanía al PP. Y ya se planteaba en sus debates internos, desde hace más de un año, la opción de crear un nuevo partido, una idea madurada en la que sólo faltaba un candidato con «pegada»: Rosa Díez, en cuanto se decidiese a dejar el PSOE.

Alerta al PP

Fuentes consultadas por ABC indican que en el verano de 2006 algunos miembros de «Basta Ya» alertaron a la dirección del PP del País Vasco de que la plataforma se constituiría en partido, a medio plazo. Tal aviso fue desoído en aquellos momentos, con el argumento de que no era una cuestión que les incumbiese, por cuanto «tenían muy clara su línea política». La decisión de Buesa de ingresar en el nuevo partido fue encajada mal en algunos despachos de la calle Génova, que no entendieron el movimiento del catedrático.

Así, si por una parte es previsible que «Basta Ya» se diluirá por el empuje de su «hija» la UPD, el Foro de Ermua tratará de conservar el protagonismo y de «recomponer la figura» sin Buesa. Tras la «dimisión en bloque» de su directiva, el día 23 se elegirá una nueva, seguramente «limpia» de apoyos explícitos al partido de Rosa Díez. En este estado decosas, hay voces dentro del Foro Ermua que apuntan la posibilidad de que el perfil del nuevo presidente se puediera ajustar al que presenta el historiador Fernando García de Cortázar, una figura con talla y «visibilidad y notoriedad pública» suficientes para asumir esa «patata caliente».

En segundo plano, pero muy activos, permanecerán la hasta ahora vicepresidenta Inma Castilla de Cortázar, Gustavo Jaso, Fernando García-Capelo e Iñaki Ezkerra, y con mucha mayor distancia observarán la jugada Jon Juaristi, Germán Yanke o Hermann Tertsch. En cualquier caso, la semana entrante será vital a la hora de dibujar el nuevo presidente de la plataforma.

Lo obvio es que en los próximos meses se conocerá cuál es la mejor fórmula para administrar el capital cívico trabajosamente acumulado y quién asume los mayores riesgos de dilapidarlo o venderlo barato a terceros.

Blanca Torquemada

FUENTE: ABC

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