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Lo cierto es que la dimisión de Imaz sólo puede sorprender a quienes siguen sin enterarse de qué es y para qué existe el PNV; por ejemplo, a Felipe González, que le proclamara “lo mejor que le ha pasado a este país”, entrevistado por la gárgola del periodismo patrio. Imaz ha intentado un compromiso pragmático de escaso recorrido, como dicen los de la jerga: convencer al PNV de que congele su avance soberanista sin renunciar a su consecución. Algún día. Avance patrocinado por Ibarretxe y Egibar, y apoyado por la mayoría de los afiliados del PNV, partido que nunca se ha librado, ni querido librar, de su pelambre aranista y antidemocrática, empeñado por tanto en aprovechar cualquier circunstancia para imponer a la sociedad vasca, y a la nación española, su pretensión de un Estado vasco exclusivo, excluyente y a su medida.

 La medida definida por el Plan Ibarretxe, que enterrará a Imaz y a cuantos pretendan seguir sus pasos sin enfrentarse al gran tabú del PNV, que no es otro que el propio nacionalismo de sus orígenes. En resumidas cuentas, para que el PNV pasara a aceptar como cosa normal la propuesta oportunista de Imaz -que no rechazaba el soberanismo, sino que simplemente aplazaba su consecución plebiscitaria-, debería primero renunciar al nacionalismo de sus orígenes como la socialdemocracia renunció en su día al socialismo anticapitalista. Y el PNV no lo va a hacer nunca, como descubrieron en su día, tras muchísimos intentos fallidos, Joseba Arregui o Emilio Guevara.

Imaz sabe que si bien el PNV está dispuesto a tirarse a la piscina del referéndum de Ibarretxe, también es probable que se parta la crisma en la operación. Primero, porque puede que esa aventura le reste todavía más votos, acentuando la caída refrendada en las municipales. Segundo, porque si hay un gobierno fuerte en Madrid, pues Zapatero puede perder las elecciones -ayudaremos a que lo haga-, quizás la cúpula del PNV acabe emulando a Sabino Arana en 1898, esto es, posando para la posteridad tras las rejas de alguna cárcel del Estado. Con elegancia, con distinción bilbaína chirene, pero en el trullo.

En realidad, la anunciada caída de Imaz –lo tenía escrito por ahí– perjudica, sobre todo, al PSOE y su hijuela vasca, que ha depositado una insensata esperanza en el milagro Imaz, a la postre un simple espejismo. Otro, y van… (Sota, Irujo, Ajuriaguerra, Aguirre, Ardanza, Imaz…) El PNV debe a la indescriptible incompetencia socialista el regalo de que acumule más poder que nunca justo cuando tiene menos votos que nunca y padece una grave crisis interna. El problema es que ahora al equipo (?) de Patxi López se les han caído los últimos palos del sombrajo que protegían un proyecto político delirante: la alianza nacionalismo-izquierda conservadora en base a un eje soberanista maragalliano: PNV+PSE+IU, incluso ANV+PSE+EA+IU. ¿Se aliarán los socialistas con Eguibar e Ibarretxe, triunfadores de la tenida? Visto lo de Navarra, Zapatero preferirá dejarles hundirse en su propia nadería a perder las próximas generales. El hundimiento del PSOE como partido nacional que sólo actúa bajo la presión de las encuestas sigue su curso, y quién lo iba a decir, el agradable y educado Imaz le va a echar una mano inesperada. Buen chico.

Carlos Martínez Gorriarán

FUENTE: Basta Ya

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