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A Iñaki Anasagasti la Familia Real española le parece una pandilla de vagos, pero reprocha al Tribunal Supremo el que haya removido el avispero al imponer el uso obligatorio de la bandera en edificios oficiales. Decir que el Rey es un vago no es pisar el avispero; sí lo es mentar la bandera, que, en otra época, los demócratas consideraban la de Franco, y que hoy, después de haber sido mortaja de los que defendieron la libertad, simboliza la democracia.

La bandera bicolor, de la marina de guerra hasta Carlos III, se izó precisamente en la Guerra de la Independencia para pisar las abejas napoleónicas; y digo eso, querido Iñaki, porque cuando el ‘Corso’ fue desterrado a Elba volvió a ondear en la isla la enseña del águila y las abejas de oro, derrotada por las avispas de Bailén y Vitoria.

Vivimos en un país libre, donde cada cual puede decir lo que le dé la gana, excepto en el País Vasco; allí escupen a Regina Otaola, por poner la bandera en el Ayuntamiento; amenazan a todos los que se atreven a cumplir la ley.

En España hay más banderas que en la ONU: republicanas, rojas, de nazarenos, de clubes de fútbol, de maestrantes, la de Europa, la de la puta que los parió a todos, y, además, las 17 de las comunidades. A la única que se persigue es a la de España. Ese hostigamiento está creando glucoproteínas, anticuerpos, contra las agresiones. En muchas mansiones de la Costa del Sol serpentean banderas españolas, parecidas a la que hay en la plaza de Colón de Madrid. La otra noche me contaron en una cena, donde había hogueras con langostas y gazpacho de remolacha, que en algunos jardines de Guadalmina y de Sotogrande se hacen juras de bandera, donde un grupo de amigos desfila y besa la enseña. «Pero, ¿vienen militares al acto?», pregunto yo. «No, no, las juras no son oficiales, pero sí muy sentidas».

Dice Rosa Díez que somos un país enfermo de cobardía en el asunto de las banderas. Si hay otra vez demanda de héroes, el asunto es saber cuál es la bandera de uno en una España que sigue siendo un laberinto, un ruedo, un capricho. Los españoles, incluso los que no quieren serlo, siguen obsesionados por sus confines. Ha surgido Plataforma Pro contra los dos partidos clónicos; aún no se sabe a cuál de los dos va a quitar banderas al otro.

Cada uno tiene que sacar su bandera, incluso los que escribimos. La mía, para que no me mareen con lo de neutral, es la de la Constitución. Pero decían los maestros que nuestra venganza consiste en escribir cada día mejor; se equivocaban; nos tirotean en los blogs los fanáticos de todas las banderas. Nunca se tiene bastante talento para hacerse perdonar el hecho de escribir cuando langostas voraces se ponen en fila para atacar a la serpiente.

Raul del Pozo

FUENTE: El Mundo

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