reginaotaola_lizatza.jpg

Conozco y respeto a Regina Otaola desde hace mucho tiempo. Nuestras vidas personales han discurrido por diferentes caminos, pero nuestra actividad pública –como la de todos los constitucionalistas que ejercen de tales en el País Vasco– está unida por una actividad común: plantarle cara al terror.

Regina está dando el Lizartza un ejemplo de coraje y dignidad que muestra hasta qué punto en esta parte de Epaña se concentra lo mejor y lo peor de nuestro país. La asunción de la alcaldía por parte de esa valerosa mujer no es  un gesto testimonial. Regina está ejerciendo un compromiso que va más allá de ocupar el puesto que le corresponde en el Ayuntamiento guipuzcoano.

Regina defiende el orden constitucional en el Ayuntamiento de Lizartza. Su presencia serena y continua y su firme decisión de que se cumplan las leyes es todo un ejemplo que debiera abochornar a aquellos que minimizan la obligación de cumplirlas y hacerlas cumplir.

Durante las pasadas semanas, tras la sentencia firme del Supremo que obligaba a izar la bandera constitucional en todos los edificios oficiales, hemos escuchado las voces de otros alcaldes, desde el nacionalista Azkuna a los socialistas Elorza y Lazcoz (Bilbao, San Sebastián y Vitoria, respectivamente).  Los tres han restado importancia a la sentencia, llegando incluso a decir que su cumplimiento iba a “perturbar el orden”. No hay más que cobardía detrás de sus palabras. Y una incomprensible lasitud a la hora de asumir sus responsabilidades como gobernantes municipales.

Defender los símbolos constitucionales es una obligación de cualquier representante público. Son los símbolos de las leyes merced a las cuales ostentan sus cargos. Defender la bandera española es defender los derechos que la Constitución nos reconoce a todos los ciudadanos: la libertad de expresión, la libertad de movimientos, la libertad ideológica, la igualdad de deberes y derechos antes las leyes. Defender los derechos contitucionales no ha sido nunca fácil en el País Vasco. Por defenderlos han sido asesinados muchos conciudadanos nuestros; y muchos de nuestros escudos. La bandera no es una tela de dos colores y un escudo; es el símbolo de esos derechos que se nos niegan; es el símbolo de que este país en el que vivimos forma parte de otro más grande llamado España, que nos ampara con su/nuestra  Constitución y con sus/nuestras leyes.

Poner la bandera es pues mucho más que cumplirla ley. Poner la bandera es enfrentarse a aquellos que nos niegan los derechos que en ella están representados. Quienes se oponen a que esa bandera sea izada son quienes nos niegan el derecho a la vida a todos los vascos que no renunciamos a nuestra condición de ciudadanos libres y españoles. Quienes no hacen lo necesario para que esa bandera ondee en todas las instituiones vascas no cumplen con su obligación de que el Estado esté presente en todo el territorio para garantizar nuestros derechos como ciudadanos españoles. Si el Estado no nos defiende, si el Estado renuncia a imponer el cumplimiento de la ley, ¿quien lo hará por nosotros?

Lo que está haciendo Regina es mucho más que proteger una bandera o cumplir una sentencia. Lo que está haciendo Regina Otaola es ejercer el papel de representante del Estado con mucha más dignidad que quien tiene la obligación constitucional de hacerlo. Lo que está haciendo Regina es aceptar la dura carga de protegernos a todos un poco. Si ella no cede, otros le seguirán el ejemplo. Y ella ya lo ha dicho:” no voy a ceder”. A lo mejor su gesto despierta al Delegado del Gobierno, al Alcalde de San Sebastián, al Ministro de Justicia, al Alcalde de Bilbao, al Ministro del Interior, a la Fiscalía, al Alcalde de Vitoria… A lo mejor despierta a todos aquellos que tenían que haber impedido lo que ocurrió cuando asistió ayer a esa misa de las fiestas patronales de Lizartza en la que muchos la insultaban y amenazaban mientras una vecina le dijo bajito :”no cedas”. A lo mejor su gesto y su compromiso constitucional consigue que se le caiga la cara de vergüenza a este gobierno que ha permitido que los terroristas manden en una parte de España. Regina se ha convertido en la imagen de la decencia y la dignidad en un país de cobardes. Gracias, amiga.

Rosa Díez

FUENTE: El Blog de Rosa / Basta Ya

Anuncios