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Algunos periódicos han resumido los mensajes emitidos en la cena del viernes -de la que nadie podrá decir que salió con hambre: esto augura una magnífica gestión económica y social para nuestro partido, válida para criterios liberales y socialdemócratas- diciendo que estamos a favor de la igualdad, la reforma constitucional y la unidad del territorio.

Sin necesidad de ponerse uno muy picajoso, es evidente que en esa tríada falta libertad y sobra “unidad del territorio”. Explico por qué: la libertad no puede ser sustituida por nada mayor, mientras que la “unidad del territorio”, un modo de referirse a la cohesión y unión nacionales, es un valor político si, y sólo si, está contenida en la idea, mucho más importante, de igualdad de la ciudadanía: ¡no de los territorios, que no son sujetos políticos sino sólo hectáreas de terreno!

En efecto, el único modo de garantizar la igualdad, que es un principio jurídico, es que todos seamos ciudadanos iguales de un mismo Estado de derecho que garantice esa igualdad mediante una constitución igual para todos en todo su territorio. Si fuéramos, por el contrario, ciudadanos de 17 Estados de derecho, esa igualdad desaparecería, que es lo que está sucediendo en la actualidad con la centrifugación del Estado forzada por los nacionalistas, aceptada por los socialistas y aplaudida por los regionalistas. Es más, la conversión del Estado en 17 seudoestados o taifas acabaría convirtiendo a los ciudadanos en súbditos de sus regímenes clientelares respectivos, proceso ya muy avanzado en Cataluña, País Vasco y Andalucía, pero iniciado en todas partes con, quizás, la excepción de Madrid. Por lo tanto, quienes defendemos la igualdad de todos debemos defender el mismo Estado para todos, por descentralizado que pueda estar, y por tanto el mismo Estado con el mismo régimen jurídico en todo el territorio. Conclusión necesaria: hay que aceptar como cosa valiosa la unidad y cohesión nacionales porque son las que garantizan la igualdad de todos nosotros. Eso es lo que defendemos.

Por cierto; lo decía perfectamente ayer mismo en este blog el nick Zelig: ” La [bandera de España] de la Plataforma es una ligera bandera de tela que simboliza la España Democrática. La puede sostener hasta un niño.” Exacto: las banderas justas para los edificios oficiales, como el ayuntamiento de Lizartza -¡bravo por Regina Otaola!-, y banderitas que puedan llevar tranquilamente los niños sin sentirse ni los herederos del Cid -que por cierto, no usaba ese pendón (se lee cada bobada por ahí…)- ni los de Hernán Cortés -idem del fiasco-, solamente chavales libres y normales. Más libertad y menos épica barata y agresiva: también es una manera de reconciliar a todos con los símbolos constitucionales a defender del gangsterismo nacionalista. Tienen que ser símbolos de libertad e igualdad, no de apolilladas glorias patrias que ojalá nunca hubieran ocurrido.

El caso Mikel Buesa

La incorporación de Mikel Buesa a este proyecto de partido no puede considerarse sino una excelente noticia. Naturalmente, no todo el mundo lo ha visto así. El mismo día en que se hizo pública, recibí un sms que aseguraba: “Cuidado, Mikel Buesa es un submarino nuclear”. Pues tampoco nos vendría mal uno, vistos los vecinos que soportamos en algunas vecindades. ¿Y submarino de o para quién? Para los sectarios, siempre del enemigo, claro está (ponga cada cual su enemigo favorito a exterminar). Los que ya hemos pasado por la estimulante experiencia de recibir las coces y bramidos de socialistas -Miguel Buen nos llamó fascistas el año 2003; chico madrugador- y populares, supimos en seguida lo que iba a padecer Mikel Buesa. Ya se sabe: cuando se presentó en la lista del PP al ayuntamiento de Vitoria en las últimas elecciones municipales, el presidente de Foro Ermua era el máximo espejo de civismo y su gesto la demostración inmarcesible de independencia, coraje y defensa contra el españaserompe. Bueno. Ahora que, en idéntica “decisión personal”, ha elegido probar suerte con nosotros en la constitución de un nuevo partido nacional, se ha convertido en un dudoso personaje que pone en peligro la independencia y la pluralidad del Foro Ermua, según algunos de los y las aspirantes a sucederle.

Lo que hay que oír y leer. Para un diccionario político a la moda: pluralidad: dícese de la unanimidad, monolitismo e instinto gregario, rebozado de sectarismo, que debe reinar en cualquier colectivo cívico para agradar al partido político nodriza al que quiera atar su prosperidad.

Carlos Martímez Gorriarán

FUENTE: Basta Ya

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