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Decía Alfonso Guerra ayer, en uno de esos baños de masas con pañuelico rojo que tanto le encantan -no, no era San Fermín-, que para montar un partido hace falta credibilidad (otros piensan que dinero; curiosamente, pocos dan importancia a las ideas). Espetó, en concreto: “Para concluir, Guerra hizo alusión al nuevo partido político que está fraguándose a partir del colectivo cívico ¡Basta Ya! y que liderará Rosa Díez. Dijo que para crear un nuevo partido hay que tener “credibilidad”. Pero “los que quieren crear ese partido, agregó, han estado mecidos en la cuna del PP durante mucho tiempo como para venir ahora a decir que nada tienen que ver con el PP“.”

¿Es importante no tener nada que ver con el PP? ¿Es algo que se espera que digamos? (¿Es Alfonso Guerra el más indicado para exigirlo?) Intentaré sacarles de su error. Veamos: primero, no hemos dicho que no tengamos nada que ver con el PP, y sí, tenemos mucho que ver con el PP (además de generalidades como la nacionalidad, las convicciones democráticas y la común condición humana). Nos hemos visto en funerales más que en otras cosas, pero así está la situación en la cosa vasca desde hace años: te ves mucho en funerales y en aniversarios de asesinatos. Es decir, íbamos a funerales de asesinados del PP, y ellos hacían exactamente lo mismo con los asesinados de los demás: eso une. Así que, más que relaciones de cuna, eran un poco de cementerio. Pero también las ha habido de cuna: por ejemplo, fuimos los de Basta Ya quienes organizamos un gran mitin constitucionalista en San Sebastián, el año 2001, y fue Fernando Savater quien unió las manos de Jaime Mayor Oreja -que también, ¡ay!, nos ve peligrosillos…- y de Nicolás Redondo, que luegó disfrutó de las atenciones de sus correligionarios por esa foto culpable.

Item más: yo, al menos, he apoyado directamente, con firmas y artículos, la candidatura de María San Gil -una querida amiga- a la alcaldía donostiarra. También escribí, el 2004, que iba a votar al PP:  no me arrepiento de haberlo hecho. Todo lo contrario (y menos tras deleitarme con la entrevista de ayer de Javier Moreno, el director de El País, a Zapatero: ¡qué pieza!). De hecho, cuando asesinaron a Gregorio Ordóñez en 1995, propuse también, con una docena de amigos (muchos de ellos ahora también en Plataforma Pro; nuestros vicios ya son viejos), que en las elecciones municipales de ese año los partidos de San Sebastián pactaran que el alcalde fuera en todo caso del PP, precisamente para probar a ETA que no había impuesto un resultado (Gregorio Ordóñez era el candidato con más intención de voto); por supuesto, los “partidos democráticos” casi nos ponen la camisa de fuerza, y aceptaron la desaparición de su gran rival, tan oportuna… ¿Y qué más?: ah, sí, me han invitado dos o tres veces a seminarios de la FAES, y he publicado un reseña en su revista (que recomiendo, es muy interesante). También me habré reunido con Aznar, cuando era presidente, media docena de veces (aunque cuando la cita era en La Moncloa, entraba con los demás invitados por la puerta principal, no como Javier Rojo), y soy amigo de Javier Zarzalejos, además de haber disfrutado de bastantes encuentros con Alejo Vidal-Cuadras, un tipo muy inteligente, y cosas por el estilo. Así que sí, vaya, he pecado muchas veces contra el cordón sanitario que debe aislar la cuna perversa del PP…

Huum, ¿habrá terminado aquí nuestra aventura partidaria?; ¿qué credibilidad puede esperarse de gente así, que no negamos ni escondemos lo que somos, lo que hemos sido y lo que quisiéramos ser? Ya lo decía Fernando Savater el otro día: desconfiemos de los clubs que aceptan a chusma como nosotros.

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Meciendo la cuna con el PP. Fernando Savater, Rosa Díez y María San Gil en el pleno del ayuntamiento de Andoain de febrero de 2003 que siguió al asesinato de Joseba Pagazaurtundua, miembro de Basta Ya y militante socialista. Había muchos más socialistas y gente del PP en esa sala. Yo mismo estaba a la derecha -dónde si no-, pero esta foto es mejor. La indignación de los presentes no era teatro, como tampoco su trágica fraternidad.

También es verdad que tales clubs no son muy abundantes (los que te invitan, quiero decir). Alfonso Guerra, por ejemplo, también tiene un cortijo dedicado a la politología, la Fundación Sistema: una vez también me invitaron a un asunto que hicieron en Bilbao, años ha, con la Fundación Alzate y alguna otra, con presencia del Guerra en carne mortal. Lenguas viperinas bien informadas aseguraban que él y sus guerristas se envainaron sus encendidas críticas al Estatut catalá por la velada amenaza de que, si desobedecían al partido, iban a tener que peregrinar a los bancos para pagarse la Fundación de su emir. Antes la disciplina que la ruina: arreglaron el fiasco con unas alusiones al cepillo metido al Estatut; por cierto, algunos utilizaron esas críticas, tan pronto naufragadas, para decirle al mismísimo Guerra que estaba trabajando para el PP. Por supuesto, no puedo creer tal inmoralidad del mítico socialista, ejemplo de coherencia indomable, rectitud insobornable -si no hay hermanos por medio- y ética inmarcesible. ¿Con el PP, él? ¡Antes se acuesta con una víbora o una tarántula! Por eso sigue en el PSOE, con su pañuelico rojo. Es que hay gente para todo.

Carlos Martínez Gorriarán

FUENTE: Basta Ya

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