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La constancia de los políticos socialistas en pedir como si tal cosa imposibles que además son ridículos, patéticos e indignantes es realmente asombrosa, y bien merece una reflexión. Me refiero, claro, a la cascada de peticiones desde filas socialistas para que Batasuna condene el atentado de Durango. Inútil empeño, pero además muy dañino: instaura la estupidez más flagrante como elemento principal del discurso de los políticos, del PSOE en este caso. Pedir a Batasuna que condene a ETA es como pedir a un elefante que interprete el Lago de los Cisnes: no está en su naturaleza siquiera el intentarlo.

Más aun: pedir cualquier cosa a Batasuna, máxime desde el gobierno –Pepiño Blanco– o desde el partido que lo sostiene, equivale a rescatar al partido prohibido del limbo donde se supone que flota. Ya sabemos que Batasuna, por decisión del gobierno, existe, vaya que sí, y hasta abre franquicias que venden el producto. Pero el gobierno, por lo menos, debería mantener la importante ficción de que hace como que su destinatario no existe, y por tanto es absurdo dirigirle mensajes, tanto como jugar a la ouija para hablar con la abuelita difunta. Es como el famoso asunto de la virtud de la mujer del César: debe parecerlo para que sea verosímil.

Los socialistas han optado, en cambio, por la inverosimilitud por partida doble o triple. ¿Por qué diablos? Hay dos explicaciones. Primera, la negociación sigue en marcha bajo la mesa de Loyola, y el PSOE tiene el máximo interés en arrancar cualquier gesto de ETA-Batasuna para mantener el “proceso”. Segunda, la negociación se acabó, al menos como proceso activo (nunca como posibilidad), pero el problema es otro: los socialistas no tienen nada que decir distinto a lo que han dicho todos estos meses perdidos. En otras palabras, se han quedado sin discurso -nada nuevo que decir-, sin interlocutores -no quieren al PP- y sin percepción de la realidad -no entienden qué está pasando. Para mí es la más probable, y me explico.

Me parece muy poco probable que la negociación con ETA siga subrepticiamente. El atentado de Durango, y los cuatro previos frustrados, señalan claramente en la dirección contraria: Gobierno y ETA han roto pasarelas y confidencias. No entra en la economía política del terrorismo negociar y matar al mismo tiempo; en este campo suelen observar la alternancia en el tiempo, básicamente por motivos de credibilidad básica. En la época de las negociaciones de Argel, ETA rompió la minitregua pactada con los socialistas, puso el bombazo de Hipercor -21 vidas y docenas de heridos muy graves-, seguido del de la Casa Cuartel de Zaragoza. Esto obligó a Felipe González a poner como condición para reanudar la partida una tregua de al menos dos meses, con los resultados conocidos: secuestraron a Emiliano Revilla y la negociación quedó rota. Con esas reglas, la bomba de Durango es un mensaje sin ninguna ambigüedad: hay bomba porque se ha interrumpido la negociación. La alternativa contraria es que Zapatero haya hecho incluso más concesiones que las de Felipe González, pero eso parece excesivo.

Veamos la segunda interpretación, que encuentro más probable: los socialistas desbarran porque no saben qué decir. Se agarran a la ficción de una Batasuna independiente para ganar tiempo. Y ello porque no tienen la menor intención de implementar un nuevo Pacto de Estado con el PP, que se lo pondría muy caro, y porque la negociación era, con el Estatut catalá, la jugada maestra de la legislatura zapateriana. Por tanto, su humillante demanda a Batasuna tiene un significado hermético que, suponen, se sobrepone al ridículo superficial: es un mensaje para que ETA declare otra tregua, o al menos aplique una implícita hasta las elecciones de marzo. Quién sabe, pensarán: no es posible que prefieran una victoria del PP a arreglarse con nosotros, y para eso Zapatero debe ganar de nuevo. Pero si este fuera el cálculo, sería otro desastroso cálculo equivocado. A ETA nada puede agradarle más ni serle más útil que poner bombas y matar gente manteniendo la respetabilidad política ante el gobierno. En ese caso, puede decir que está simultáneamente en tregua y matando a la vez: el gobierno habría aceptado sumisamente esa patada a la lógica del tercio excluso (o esto o aquello pero no esto y aquello).

Para satisfacción de los más sectarios y disgusto de la mayoría sensata, no hay pacto PSOE-PP a la vista: todo irá a peor en este frente, salvo sorpresa general. Esperemos que no sea sorpresa trágica, que es lo más probable tal como pinta la cosa.

Carlos Martínez Gorriarán

FUENTE: Basta Ya

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