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ETA ha entrado en una nueva fase operativa que inauguró el sábado en Durango, una fase de largo recorrido y en la que no tendrá miramientos a la hora de atentar, ya que intentará poner muchos muertos sobre la mesa. El objetivo es llevar al Gobierno a una situación de presión tal que le obligue a reabrir el diálogo con ETA, como pretenden sus dirigentes. La dirección etarra trata de emular así la situación generada antes de las conversaciones de Argel en 1989, a las que precedió una sangrienta campaña de atentados indiscriminados (Zaragoza, Hipercor). La mano de Josu Ternera está detrás de este replanteamiento general.


Para esta nueva fase, los cabecillas de ETA ordenaron a mediados de julio a todos los «comandos» operativos que la banda tenía en España su repliegue a Francia, ante la sospecha (más que justificada por las sucesivas detenciones) de que estuvieran «quemados» y, así, enviar cuanto antes «taldes» renovados para lanzar la ofensiva terrorista planeada una vez rota la tregua de forma oficial el 5 de junio.
 

Desde la dirección de la banda se cuestiona ya abiertamente al jefe del «aparato militar», Garikoitz Aspiazu, «Txeroki», a quien se responsabiliza de las caídas en cadena y de colocar a la organización criminal «en horas bajas». La renovación de los comandos ha logrado, de momento, que ETA lograra atentar en Durango y casi consumara la matanza que pretendía Josu Ternera. Con todo, desde Interior se insiste hasta la saciedad en que ETA va a seguir atentando y, cuanto más, mejor para sus intereses.
 

Agentes de la lucha antiterrorista consultados por ABC sostienen que la pretensión de los jefes etarras cuando, a mediados de julio, tocaron a retirada sería que por un tiempo, lo más breve posible (finalmente ha sido de poco más de un mes), no hubiera un solo pistolero de la banda en España. Y, una vez analizadas las causas de tantas caídas en tan poco tiempo, enviar nuevos «comandos». Otra cosa, precisan estos medios, es que todos los etarras llamados al repliegue hubieran conseguido llegar a Francia. De ahí la decisión del Ministerio del Interior de difundir recientemente las fotos de algunos de los etarras más buscados. En este sentido, no descartan que el terrorista Ander Múgica Andonegui pretendiera alcanzar el vecino país cuando, el pasado 19 de julio, huyó precipitadamente de un taxi en la localidad de Torreblanca (Castellón) al observar en las inmediaciones varias patrullas de la Guardia Civil. Ander Múgica fue uno de los etarras que se vio obligado a abandonar días antes un coche cargado con explosivos en Ayamonte (Huelva). Todos los indicios apuntan a que este grupo disponía de un «piso de seguridad» en Sevilla y de infraestructura en el sur de Portugal. ¿Qué hacía entonces Múgica Andonegui viajando por alicante en dirección a Tarragona en un taxi?
 

Fracasa la campaña de verano
 

Es evidente que la decisión de la banda de romper las treguas mantenidas hasta ahora se ha traducido en muerte, sufrimiento y, también, mucha frustración. Pero también es cierto que a ETA ello le resulta cada vez más caro. Los Servicios de Información de los Cuerpos de Seguridad trabajan a destajo también en tiempos de «alto el fuego permanente». Incluso mejor, porque pueden profundizar más en sus investigaciones. Lo cierto es que desde el pasado 5 de junio, cuando anunció el fin del «alto el fuego permanente», todos sus planes de cometer atentados contra intereses turísticos, de momento han fracasado.
 

Expertos en la lucha antiterrorista consultados por ABC están convencidos de que en la actual coyuntura, lo que más le debe preocupar a los dirigentes de ETA no es tanto la neutralización de varios «comandos» y la detención de algunos de sus integrantes, que al final puede reponer, sino la forma en la que se han producido: cuando aún no habían actuado. De esta manera, se alimenta en la cúpula etarra la sospecha de que pueden tener uno o varios «topos» en lugares clave de la organización criminal. «Cuando cae un «comando» que ha perpetrado varios atentados, lo lógico es pensar que su desarticulación es fruto de pistas que ha ido dejando en sus actuaciones criminales. Pero cuando son capturados en poco tiempo varios grupos, con el denominador común de que aún no se habían estrenado, la sospecha de que hay «algo» -un infiltrado- que conduce a todos ellos está más que justificada», comentan los mismos medios que, sin embargo, aseguran que las últimas operaciones policiales llevadas a cabo en Francia y España han sido consecuencia de laboriosas investigaciones y, también, de errores de los etarras, cada vez más inexpertos.
 

El desconcierto en la dirección debe ser mayor, si cabe, si se tiene en cuenta que Txeroki aprovechó el denominado «proceso de paz», precisamente, para «blindar» el «aparato militar». Incluso, creó un «subaparato de logística», directamente dependiente de él, encargado de suministrar armas y explosivos a sus «comandos». Pues bien, se da la circunstancia de que ambos, el «frente militar» y el citado núcleo logístico, han sido los más castigados tras la ruptura de la tregua, con varios de los «lugartenientes» de «Txeroki» detenidos. La «gota que colmó el vaso», según aventuran los expertos antiterroristas, debieron ser los tres reveses, casi en cadena, que sufrió ETA en sus planes de materializar la ruptura de la tregua: el 21 de junio, el «comando Andalucía» se vio obligado a dejar abandonado en Ayamonte un vehículo cargado con un arsenal. Los etarras habían adoptado las máximas medidas de seguridad al alquilar el coche en una agencia de Lisboa para evitar su paso por el centro peninsular. El 2 de julio, una operación conjunta de las Fuerzas de Seguridad de Francia y España acaba con la captura del «lugarteniente» de «Txeroki», José Antonio Aranibar, cuando mantenía una cita de «máxima seguridad» con Ekaiz Aguirre y Ángel Cardaño, integrantes de un «comando» que iba a pasar a Navarra para atentar. Y el 10 de ese mismo mes, la Policía arrestó en Santander a Aritz Arginzoniz, cuando estaba a la espera de recibir un coche bomba, y pese a que había adoptado las máximas medidas de precaución, camuflándose como un turista y viajando en autobús.
 

Es decir, pese a esa obsesión por la seguridad interna, la «nueva ETA» de «Txeroki» ha sufrido a lo largo del verano sucesivas caídas que han debilitado seriamente su capacidad operativa.
 

Informaciones en poder de la Policía francesa apuntan a que en el propio «comité ejecutivo» de ETA se está cuestionando seriamente a Txeroki, a quien se le acusaría de «inepto» por haber llevado a la banda a «horas bajas», cuando, más que nunca, necesitaba mostrar una apariencia de fuerza y capacidad operativa. Las críticas podrían llegar a los propios pistoleros que, al fin y al cabo, son las primeras «víctimas» de esa ineptitud. Las fuentes consultadas consideran que todavía es pronto para evaluar las consecuencias, pero no descartan que Txeroki caiga en desgracia.

Javier Pagola

FUENTE: ABC / Basta Ya

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