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ETA ha vuelto a intentar cometer una masacre. Una vez más, el destinatario de su odio ha sido la Guardia Civil. Afortunadamente, la explosión de un coche bomba cargado con más de 100 kilos de explosivos contra el cuartel de la Guardia Civil de Durango no ha conseguido el objetivo perseguido por los criminales. Dos heridos leves, elevados daños materiales y un susto difícil de superar han sido la conclusión de este nuevo ataque terrorista.

Pero a los terroristas no hay que juzgarles por lo que predican o por lo que intentan: hay que juzgarles por lo que hacen. Y lo que han hecho ayer demuestra el grado de miseria moral y falta de escrúpulos humanos de los dirigentes de esta organización totalitaria y mafiosa con los que el Gobierno de España insistía en negociar incluso después del atentado mortal de diciembre del año pasado. Y los dirigentes del Partido Socialista de Euskadi, hasta hace 24 horas. Es sabido que la táctica de los terroristas consiste en despersonalizar a sus víctimas para facilitar así el crimen y evitar cualquier tipo de mala conciencia en los asesinos que lo perpetran. Pero, para ser capaz de despersonalizar a un ser humano, hace falta haber perdido previamente la humanidad. Primo Levi lo explica bien en su libro Si esto es un hombre. Esa era la táctica que utilizaban los criminales nazis en los campos de exterminio: deshumanizar a los presos, convertirles en objetos de su odio y de sus experimentos, para evitar que pensaran en el hombre que estaba detrás del grito y del dolor.

Las organizaciones totalitarias quieren borrar la humanidad de sus víctimas por si en los verdugos quedara algún rastro de esa humanidad que les pueda jugar alguna mala pasada. ETA, como banda totalitaria y fascista que es, ha hecho lo mismo siempre. En su imaginario, en su distorsionado cerebro que hace tiempo dejó de ser humano, su objetivo no es un guardia civil, o un concejal, o un juez, o un diputado, o un empresario, o la hija de un guardia civil, o un policía… El objetivo de su odio asesino es un «enemigo». Así de simple es su esquema de terror. Igual que el de los nazis. Pero éstos, como aquellos otros totalitarios, discriminan bien al elegir a quién asesinan, a quién deshumanizan.

Los candidatos a ser exterminados por ETA son siempre los defensores de las libertades, los escudos de los demócratas. Por eso merece la pena que no olvidemos que el cuartel de la Guardia Civil de Durango no es un objetivo aleatorio; es un objetivo reiterado y perseguido por los terroristas, porque ellos acumulan todos los requisitos que les convierten en sus enemigos: allí viven y trabajan unos hombres y mujeres que dedican su vida a defender las libertades en el País Vasco. Allí viven y trabajan unos conciudadanos nuestros que defienden cada día la legalidad vigente y el territorio constitucional. Allí viven enemigos declarados del fanatismo y del totalitarismo que representan ETA y sus seguidores o cómplices. Allí, en Durango, como en todos los cuarteles de España, viven nuestros amigos, los amigos de los demócratas.

Allí, en el cuartel de Durango, viven nuestros escudos, los hombres y mujeres que hacen posible que los cargos públicos constitucionalistas del País Vasco respiremos un poco de libertad en esta tierra en la que la bandera que representa los valores y derechos que la Constitución española proclama y garantiza sigue siendo clandestina. Allí, en el cuartel de Durango, trabajan mis amigos, la Guardia Civil. A todos ellos y a todos sus compañeros de toda España quiero hacerles llegar mi apoyo y reconocimiento. A todos quiero decirles hoy: ¡Viva la Guardia Civil! Quizá a alguien le resulte excesivo. Pero estoy segura de que, si mi padre viviera hoy -él, que pasó algunas noches en el cuartelillo de mi pueblo-, lo gritaría conmigo.

Rosa Díez

FUENTE: El Mundo

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