carlos-martinez-blog.jpg

Entre los ataques que ha recibido la muy modesta e instrumental propuesta de Josu Jon Imaz por parte de sus conmilitones y socios -para que te fíes, Josu Jon-, me ha llamado la atención esta descalificación de Azkarraga, consejero de justicia y afiliado a EA: la propuesta de Imaz es transversal, y eso es contrario al nacionalismo.

Se refiere la criatura -¡qué gran carrera habría hecho este hombre en el régimen nazi o el estalinista, siempre de parte de los verdugos y hostil a las víctimas!- a que Imaz propone que el cambio de marco político vasco debe ser pactado entre nacionalistas y resto de vecinos de la CAV: a eso se limita la transversalidad que horripila a Azkarraga: «Quiero mostrar mi más absoluto rechazo a la transversalidad, que otorga a nuestros adversarios políticos la capacidad de desvirtuar nuestro ideario y de rebajar las justas reivindicaciones de la mayoría de nuestro pueblo», ha proferido.

La cosa no está mal, porque lo que Azkarraga llama “transversalidad” no es otra cosa que lo que en todas partes se llama “pacto constituyente”, a saber, la premisa de que una sociedad democrática debe constituirse necesariamente a partir de un pacto entre gente con distintas ideas e intereses, y decidida a conservar unas y otros. Las sociedad no democráticas están dispensadas de esa molestia, como prefiere Azkarraga, que sueña en una sociedad vasca exclusivamente nacionalista, esto es, incompatible con la democracia.

La democracia es un sistema transversal, o de transversalidades diversas tupidas como una red, entre muchas otras cosas. Es agradable sacarlo ahora a colación, porque en las discusiones sobre las características de nuestro nuevo partido, algunos no se sentían muy felices con la idea de transversalidad como una de sus características fundacionales. Les parecía que era algo propio del nacionalismo. Pues ya ven que Azkarraga piensa lo contrario, y es una autoridad en la materia.

Naturalmente, un partido no necesita ser transversal para ser democrático. Pero le viene muy bien si su proyecto se parece, como el nuestro, a casi una refundación del sistema -no es cosa mía, me lo dijo Roberto Blanco Valdés. Es más, yo diría que para eso es imprescindible. Una refundación constitucional sólo puede salir potable si la comparten gentes de la izquierda no tradicionalista (renovadora), liberales de los distintos tipos, activistas cívicos y otros tipos de concepción más hetereogénea y difícil de etiquetar. Y luego deberán convencer de que la reforma propuesta es buena para todos a socialdemócratas y conservadores. La transversalidad no es una ocurrencia extraña: es una necesidad. Para mejorar la democracia: por eso Azkarraga la desdeña.

Carlos Martínez Gorriarán

FUENTE: Basta Ya

Anuncios