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dijo ayer Odón Elorza a Ibarretxe para afearle la pasividad con la que el Gobierno de Ibarretxe tolera (luego alienta) la kale-borroka (terrorismo). La populista exclamación del alcalde donostiarra expresa de modo ejemplar no sólo su característico oportunismo -otros años muy recientes, Odón ha preferido abogar por lo contrario: que la Ertzaintza no le estropee la fiesta empeñándose en hacer que se cumpla la ley con esos “recursos y medios democráticos proporcionados” (sic) que ahora reclama de perfil-, sino también la profunda desvergüenza en la que ha caído la política vasca, los chanchullos de este régimen degenerado.

Si Odón Elorza se tomara en serio su acusadora sugerencia de que Ibarretxe tolera la kale borroka (terrorismo), de manera que el lehendakari es cómplice objetivo de esa clase de terrorismo (por no perseguirlo), debería primero poner una denuncia en el juzgado de guardia (colaboración con el terrorismo, denegación de auxilio debido, dolo), y luego embarcarse en una lucha política contra el Gobierno Vasco para denunciar, y explicar, que incumple sus funciones más elementales, que no son otras que hacer respetar la ley a todo el mundo por igual y en toda su jurisdicción. Lo que no ha hecho nunca desde 1979, por cierto.

Explicarlo es muy fácil, algo que sólo complica el alto grado de insólito cinismo de los nacionalistas en el poder, y de muchos socialistas que se creen llamados a sustituirles con sus mismas armas (véase, por ejemplo, esto de Buen: descubriendo el Mediterráneo tras negarlo cien veces). En efecto, siempre ha sido difícil luchar contra el disparate descarnado y las palabras y acciones aberrantes. Mucho más que contra la ocultación, la mentira o el disimulo. Al fin y al cabo, si la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud, de manera que es fácil desacreditarla poniéndola al descubierto, el cinismo en pelota picada no es cambio una sustitución de nada por una máscara más vistosa: es la cosa en sí, eso que vemos y oímos sin dar crédito: el nacionalismo en acción. Pero me temo que el arranque de Odón, además de desvergonzado y oportunista, encierra su propia dosis de cinismo: lo mismo vale poner verdes -crispadores, intolerantes, enemigos del diálogo, derecha extrema- a quienes reclamamos el respeto a las leyes, incluso cuando molestan a los nacionalistas, que reclamar a éstos que apliquen las leyes si a ese alcalde le viene bien para pulir su imagen esplendorosa. Puro fuego de artificio, muy de Semana Grande.

Sólo veo algo positivo en este teatro de tercera: Odón y sus compañeros no dan puntada sin hilo. Si osan pedir a la Ertzaintza que persiga la kale borroka (terrorismo) y se lamentan de no tener tanta libertad como los nacionalistas (por el terrorismo), es que las cosas de ETA van muy mal. Su nueva blizkrieg postregua está resultando patéticamente de pacotilla, su versión palurda de la agónica ofensiva nazi de las Ardenas. Y claro, Odón y cía corren a subir al carro de los vencedores morales: quienes siempre nos hemos opuesto a toda negociación con ETA. Por indecente, antidemocrática y además inútil para cualquier cosa aceptable. Y ojo, no vienen a pedir sitio humildemente, vienen a echarnos a patadas. Si pueden.

Carlos Martínez Gorriarán

FUENTE: Basta Ya

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