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Ante la noticia de que UPN pretende grupo parlamentario propio en el Congreso, la representante de NaBai, Uxue Barcos, salió rauda al paso de esta iniciativa, que le disputaría su carácter de “única representante únicamente navarra” (vaya majadería mediática) con este extraño palabro: «Una cosa es hacer una declaración de intenciones y otra es cómo se va a cosificar ésta después».

Cosificar, esta es la cuestión según parece. Pero, ¿qué se “cosifica”? Si entiendo bien a la distinguida parlamentaria, es la centrifugadora la que debe cosificarse. La centrifugadora en la que se está convirtiendo el sistema parlamentario español. Si se tomara en serio la pretensión de UPN, y todos los partidos con representación regional necesitaran un grupo parlamentario propio para “sacar cabeza” -en hípica expresión de un portavoz de UPN-, es decir, para hacerse valer en la defensa de los intereses estrictamente locales, el Congreso de los Diputados debería albergar no menos de 34 grupos parlamentarios, quizás hasta 44 o más. Echen cuentas: grupo parlamentario popular de Madrid (¿por qué no?); grupo parlamentario socialista de Madrid (cuando se restablezca el grupo parlamentario socialista catalán y aparezca el vasco); grupo parlamentario socialista andaluz; grupo parlamentario popular de Andalucía, etc. Suma y sigue.

¿De dónde procede esta tendencia? Porque sin duda se trata de una tendencia, aunque en la práctica será difícil que llegue a materializarse la cosa (¿a cosificarse?). Por ejemplo, UPN necesita tres diputados prestados para constituir su propio grupo “navarro” (que lo sería al 40% solamente). ¿Quién se los prestaría? Si el PP accediera, ¿cómo podría rechazar otras peticiones semejantes, tan fundadas como la de su asociado navarro?; ¿quedaría entonces “grupo popular”? Y si un partido tan pequeño como UPN consiguiera su grupo mediante esta marrullería reglamentaria, ¿cuánto tardarían los otros dos diputados socialistas navarros en reclamar lo mismo para ellos? Esta es la dificultad práctica que impedirá la extensión de la centrifugación parlamentaria cual reguero de pólvora, pero lo interesante es el movimiento de fondo, fundado en las siguientes premisas:

1 – El trabajo legislativo y representativo del Congreso de los Diputados ha dejado de ser nacional en sentido clásico para convertirse en regional. Tanto la representación como la legislación tienen por objeto principal a las regiones (naciones, según los nacionalistas y sus corifeos). Los intereses generales desaparecen a favor de los particularismos territoriales.

2 – Lo anterior es consecuencia del éxito y la extensión del “nacionalismo obligatorio”: todo el mundo quiere jugar su propia baza nacionalista o localista, en la convicción de que no hacerlo será castigado por el electorado, ajeno a lo general y cada vez más particularista.

3 – Y el éxito del “nacionalismo obligatorio” es en buena medida consecuencia de una Constitución llena de concesiones al nacionalismo centrífugo, y de la incapacidad de las fuerzas políticas nacionales para sostener una perspectiva, un discurso y una política realmente generales, es decir, que legislan y representan para el conjunto de España, no solamente para las piezas del puzzle territorial. Seguramente, consecuencia también de un Parlamento donde la mayoría de sus señorías no representan a sus electores, sino a siglas y aparatos políticos deslocalizados.

En resumidas cuentas, la petición de UPN es muy congruente con el proceso de vaciamiento político del Estado y de la nación, sustituidas por las autonomías y sus “realidades nacionales”. Que esta vez la iniciativa surja del ámbito del PP, y no del socialista, solamente viene a confirmar algo que irrita sobremanera a la derecha, pero que no es menos cierto por eso: que el PP tampoco ofrece una alternativa democrática a la centrifugación de las instituciones impulsada por el nacionalismo y facilitada por la baja calidad del sistema democrático español. En todo caso, el PP ofrece la “seguridad” de que ellos lo harán todo pensando en el bien de España. Así, el grupo parlamentario de UPN, de existir, no se dedicaría a pedir la desaparición de España, como PNV o ERC, sino solamente a defender la españolidad de Navarra. El problema es que no se trata de “españolidad” ni de “vasquidad”, “catalanidad” o vacuos epítetos étnicos semejantes. De lo que se trata es de otra cosa que está realmente en peligro: la igualdad de los ciudadanos y sus libertades (y obligaciones) personales, con independencia de donde nazcan o vivan. Precisamente porque la democracia sostiene que esos ciudadanos son iguales y libres, existe un Parlamento nacional: para legislar lo mismo para todos en sus asuntos comunes. Y esa es la función que la reclamación de UPN pone en solfa.

Claro que esta cosificación sólo puede cambiarse con un amplio programa de regeneración democrática. Por ejemplo, ¿qué tal si los diputados representan a sus electores, no a partidos ni a territorios abstractos? Habrá que darle una vuelta o dos.

Carlos Martínez Gorriaran

FUENTE: Basta ya

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