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De una campaña electoral remota se me quedó en la cabeza el anuncio con que mosén Xirinachs pedía el voto. Presentaba el hombre sus propuestas, firmes y severas, tipo no me volveré a sentar hasta la total independencia de Cataluña, y un coro clamaba después de cada demostración de fuerza y clarividencia: ¡Ai-xí-Xi-ri-nachs!

Ahora, y con motivo del suicidio, el coro ha vuelto. ¡Ai-xí-Xi-ri-nachs! Si en el pasado, y tras la rítmica y febril exclamación, se sentaban, ahora han seguido en sus quehaceres. Él muerto y ellos haciendo el vivo, según la costumbre. En el coro ha destacado el expresidente y expañol del año, Jordi Pujol, autor de unas declaraciones asombrosas. Ha dicho Pujol que el suicidio de Xirinachs le interpela profundamente. ¡Ai-xí-Xi-ri-nachs!, quins collons que has tingut. Pero ni un paso más allá.

No es fácil encarar la podredumbre moral de estas reacciones, tal es su espectro. La primera afecta al propio suicidio. Estos varones católicos no han tenido pudor a la hora de otorgarle sentido. Convencionalmente persiguen el suicidio allí donde se muestre; claman contra el hecho de que los periódicos den noticia de él, no sea que genere emulación (¡y ahora lo emularían si tuvieran los dos collons!); esgrimen la ley de Dios contra el zafio orgullo mundano de que el hombre se crea dueño de su cuerpo; nada de eso les ha importado: apenas disimulan que el suicidio de Xirinachs les ha parecido un acto heroico. Item más: juzgan que se ha tratado de un acto realista. ¡Hay motivo! El hecho de que alguien explique su suicidio porque no quiere seguir siendo un esclavo en tierra ocupada lo encuentran digno de interpelación. Real; extremado, pero real. Les interpela. Ellos que se han llenado mil veces la boca para asegurar que la independencia no vale una vida, celebran ahora la extinción sacrificial. Cordero de Dios. ¿Con qué autoridad se dirigirán ahora a los que quieran convertirse en mártires, y lo que es peor, convertirnos en mártires. ¿Acaso no acaban de decir que la muerte por razones políticas tiene sentido?

Sin embargo, lo peor de los graves, enfáticos y comediantes hermeneutas es la complicidad de fondo con el suicida que han querido demostrar. Eras de los nuestros, le han cantado. Desdichado Xirinachs. Él, que escribió tres gruesos volúmenes estrictamente destinados a demostrar la traición de los líderes; él, que los despreciaba de un modo radical, que actuó siempre como el senador más votado de Cataluña y que los observaba desde una doble superioridad, democrática y divina, completamente trastornada, él comprobaría ahora que lo peor del suicidio es la imposibilidad de réplica a las necrologías. Al cínico “¡Així, Xirinachs!” con el que los nacionalistas han concelebrado su misa negra.

(Coda: “Amigos, aceptadme este final absoluto, victorioso, de mi combate, para contrapuntear la cobardía de nuestros líderes , masificadores del pueblo. Lluís M. Xirinacs i Damians. Barcelona, 6 de agosto de 2007.” Traducido del catalán)

Arcadi Espada

FUENTE: Blog de Arcadi

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