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Le tomo prestada a Jose Mari Calleja esta frase que él acuñó hace mucho tiempo. Quiero utilizarla para referirme a las personas que ayer se dieron cita en Berriozar, en el séptimo aniversario del asesinato del Teniente Coronel Francisco Casanova Vicente. Habrá quien trate de minusvalorar el acto en él que  centenares  de ciudadanos se dieron cita en la iglesia y en la plaza del pueblo para rendir emotivo y sincero homenaje a Francisco Casanova, Paco, como le llamaban sus convecinos. Yo quiero contar lo que vivimos.

Quiero destacar el compromiso, el valor, de los que siendo del pueblo, viviendo allí cada día, teniendo que ir a la compra, al colegio de sus hijos, a abrir sus negocios, a trabajar en su taller o en su oficina, se atrevieron a estar en la calle, expuestos a las miradas de sus convecinos. Quiero destacar las banderas azules con manos blancas que colgaban en algunas ventanas y  balcones del pueblo. También había algunas enseñas con el mapa de esa fantasmagórica y siniestra euskalerría, mapas negros que nos recuerdan el dolor y el sufrimiento. Pero eso, exponer al público el signo del chantaje y de la amenaza, no tiene mérito ninguno. Para identificar la casa en la que se vive con el compromiso de la libertad, con las manos blancas, se requiere un enorme valor, un enorme compromiso cívico. Y allí estaban, colgados de los balcones de ese pueblo que tiene un gobierno nacionalista compuesto con ANV y Nafarroa Bai. Allí estaban, expuestos a las miradas de los chivatos, de los cómplices del terror.

Todos los vecinos de Barriozar que ayer volvieron a salir a la calle, los que organizaron el homenaje, los que fueron a la misa navarra y a la plaza presidida por el monumento a la memoria de Francisco Casanova,  los que siguieron la muestra de Jotas en su recuerdo, todos ellos mostraron, una vez más, más dignidad que miedo. Porque todos ellos saben que, emboscados y a cara descubierta, en el pueblo están los chivatos de los asesinos. Porque todos ellos saben que para vivir con comodidad lo que tienen que hacer es ser transparentes. O quedarse en casa. Pero todos ellos eligieron dar la cara, ponerse del lado de la dignidad, ponerse del lado de los buenos. Todos ellos, personas anónimas fuera de Berriozar,  nos reconcilian con la vida y hacen que renovemos nuestro compromiso.

Porque cabe recordar que hoy en Berriozar hay menos libertad que cuando gobernaban los constitucionalistas. Hoy en Berriozar la bandera de todos, la constitucional, la que representa para todos los ciudadanos los derechos que la Constitución Española nos reconoce, la que garantiza la unidad y la igualdad, está fuera del Consitorio. El gobierno nacionalista, al quitarla, ha querido que querada claro que con ella expulsa a todos los ciudadanos que no son nacionalistas; a todos los navarros que quieren serlo sin renunciar a ser también españoles. Quitan la bandera española, la que es de todos, la que representa la democracia parlamentaria, la que representa el régimen de libertades que hace posible que en la España de hoy existan autonomías como la Foral que gozan de verdarderos privilegios en comparación con otros teritorios de España,  para mutilarnos a todos un poco; nos obligan a elegir dejar de ser algo de lo que ya somos; empobrecen nuestra historia, nuestra vida, nuestras espectativas. Son nacionalistas, individualistas, separatistas. Son reaccionarios. Creen tener derecho de pernada, derechos primigenios, se creen superiores a los demás.

No son conscientes de que nosotros, los que no renunciamos a ser vascos ( o navarros, andaluces, castellanos, gallegos…) españoles y europeos a la vez, los que no queremos elegir qué dejamos de ser porque lo somos todo, somos los privilegiados. No son conscientes que, al querer castrar nuestra identidad plural, son ellos los que se están castrando. 

Pero su objetivo es la intimidación, el desestimiendo. Alguno siempre cae en la trampa. Hay alcaldes socialistas que ya han caído. Pregúntenle al de San Sebastián; o al de Vitoria, que es más grave por ser más sorprendente. A las cosas de Odón estábamos más o menos acostumbrados. Pero el de Vitoria se acaba de estrenar diciendo que lo de obligar a poner la bandera española en cumplimiento de la sentencia del Supremo no tiene ningún sentido, que no tiene importancia. Si un alcalde dice que cumplir la ley no tiene importancia, que tomen nota los ciudadanos que viven en el municipio que regenta. ¿Qué pensaría si se negaran a pagar multas, si no reciclaran la basura, si aparcaran donde les diera la gana…? En fin, que siempre hay alguien que quiere huir de sus responsabilidades relativizándolo todo; y de eso se han valido siempre los nacionalistas, de que hay demasiada gente queriendo, por encima de todo, tener la fiesta en paz…

En Berriozar la gente, la mejor gente, también quiere tener la fiesta en paz; pero en una paz que incluya libertad. Por eso volvieron a salir a la calle ayer. Con más dignidad que miedo. Un abrazo a todos.  Y dejadme que os digamos desde este blog que nos sentimos muy orgullosos de ser de los vuestros.

Rosa Díez

FUENTE: Basta Ya

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