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La provocación política del Saramago de este 2007 tiene mucho que ver con la imaginación literaria del Saramago de 1986 puesta a prueba en su obra La Balsa de Piedra.

En una España donde muchas de sus comunidades autónomas quieren tirar cada una por su lado, la reflexión de Saramago ha reabierto el debate por donde menos se podía esperar: integración frente a disgregación. La Iberia de Heródoto cobra un nuevo cuerpo no tanto geográfico y étnico como político.

Si los líderes políticos y lusitanos se han apresurado a denunciar la «alta traición» de Saramago, ya nos podemos imaginar lo que su propuesta supondrá para los soberanistas vascos o catalanes, hoy día obsesionados por apartarse de cualquier idea de España unitaria.

Cuando la España constitucional de 1978 se cuartea por muchos de sus territorios, cuando Ibarretxe y Carod Rovira plantean una independencia de sus pueblos, de todo lo que signifique la España consabida, llega el comandante Saramago y manda a parar.

Dice Saramago que todo es posible en un mundo cambiante, donde muchos países de Asia y la propia Unión Soviética han cambiado de piel política sin que haya pasado nada.

FUENTE: Canarias7

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