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El último capítulo del culebrón poselectoral navarro es, como se sabe, la desautorización de la Ejecutiva Federal del PSOE a la “decisión unánime” de su subordinada navarra para cerrar un pacto de gobierno con NaBai. No es una desautorización muy tajante, porque ayer mismo, y preguntado por la cuestión, Zapatero afirmó ignorar cómo estaba la cosa, y remitió a su segundo para más información.

Tiene su gracia. No tanto porque sea la enésima demostración de la soltura para la desvergüenza de que es capaz nuestro presidente de gobierno, sino porque ese silencio representa una admisión tácita de un hecho bastante molesto, a saber: los socialistas navarros se estaban limitando a interpretar lo que ha sido el pensamiento estratégico de su máximo líder desde que ganó las elecciones, pero ya no: cerrar acuerdos con los nacionalistas con el doble objetivo de avanzar en la negociación con ETA y aislar al PP, alejando a este partido de Moncloa hasta las próximas calendas griegas.

Quizás esta seguridad íntima de que estaban haciendo lo que el Jefe quería explique la insubordinación delicadamente narrada por Anabel Díez en El País de ayer: “Para los usos y costumbres del PSOE resultó sorprendente recibir comunicados de decisiones “por unanimidad”, de órganos a los que no corresponde decidir sobre con quién se gobierna.”

Pero el pensamiento del Jefe ya no es el que era, y el cambio de posición ha dejado a sus subordinados más rígidos agarrados a las brochas con que trazan sus nada sutiles estrategias políticas. Por ejemplo, a Fernando Puras y a Chivite. Pero también a Patxi López, porque la alianza del PSN con NaBai era parte del juego del PSE para hacer lo propio con el PNV en cuanto sea posible (lo que explica su vergonzosa y estúpida cesión de la Diputación alavesa a un hombre de Eguibar). Veamos qué está pasando. Para comprenderlo, es preciso partir de la premisa de que José Luís Rodríguez Zapatero es un hombre carente de cualquier escrúpulo, de modo que puede imprimir a su estrategia los giros que le convengan, cuando quiera y sin dar explicaciones a nadie, porque tampoco hay un partido democrático que le obligue a darlas y que delibere con seriedad sobre los temas serios. Hace tiempo que el PSOE dejó de ser un partido en sentido clásico, transformándose en una mera empresa y agencia de colocaciones cuyo producto es ganar poder. Como sea.

Pues bien, hace tres años o así el poder se conseguía acosando al PP y pactando con los nacionalistas, con la vista puesta en la negociación con ETA. Para esto ya no es así, de modo que la dirección del negocio prefiere vender parte de la cartera nacionalista, o al menos no ampliarla en absoluto, dado que representa una mala inversión para los intereses generales de la empresa, por bien que les venga a las sucursales vasca y navarra. La clientela principal de PSOE S.L. ya no compra nacionalista, y la negociación con ETA tiene muy, muy mala pinta. ¿Qué sucedería si la publicación de las famosas actas coincide con la formación de un gobierno navarro entre Puras y Patxi Zabaleta? Un desastre, para qué vamos a engañarnos: haría verosímiles las acusaciones de que Navarra figuraba, y a bajo coste, en el lote ofrecido a los terroristas. Y eso pondría en peligro las ventas esperadas en las Grandes Rebajas del próximo marzo.

Para mejorar la marca y recuperar la clientela menos fidelizada, PSOE S.L. ha decidido recuperar imagen de españolidad, sacar fotos de etarras en búsqueda y captura, romper con NA Bai y otras medidas similares conducentes a reforzar una imagen atractiva para el consumidor español medio, al que el criptonacionalismo de Maragall y Eguiguren le comienza a molestar bastante, como cuando se encuentra aroma a cloaca en un restaurante caro. En los próximos meses veremos a Zapatero multiplicando los gestos de españolidad, populismo, cercanía al ciudadano y combatividad contra ETA. Hasta que toque lo contrario, u otra cosa diferente. El negocio es así, queridos. Si Patxi López y su cuadrilla de incompetentes, así como sus torpes primos navarros, salen perdiendo en el zig-zag, pues que se espabilen. Lo que importa no es gobernar en Ajuria-enea o en Pamplona, sino en Moncloa. Vas a comparar.

Pero no está claro si Zapatero ha medido bien la empresa que tiene a sus órdenes, de momento cohesionada por el reparto de prebendas y éxitos. ¿Qué ocurriría si vascos y navarros imitan a los catalanes y exigen una relación de “igualdad” con el PSOE para decidir sus opciones de gobierno autonómico y sus políticas de alianzas? Más aún: aplicando el “derecho a decidir” que ahora apoya su partido, ¿por qué no romper con el PSOE, como de vez en cuando amagan los catalanes, si la central les impide hacer sus propios negocios ventajosos? La tentación está ahí. Al fin y al cabo, ¿no es el propio Zapatero quien ha hecho cuanto estaba en su mano para que el PSOE dejara de ser un partido nacional y democrático? ¿Y no es el propio PSOE el que ha permitido alegremente esa deriva, descubriendo los placeres del nacionalismo irresponsable y confundiendo particularismo reaccionario con progreso cultural y político? Este desmadre comenzó el día en que el PSOE dejó de ser un partido tradicional con una idea de la política para transformarse en una empresa de colocaciones al servicio del oportunismo sin límites. Y en esa estamos.

Carlos Martínez Gorriarán

FUENTE: Basta Ya

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