sardanacaricatura_01.gif

Dice el bravo y cachondo Fernando Savater que los nacionalistas son los caciques de las novelas de Galdós, que los que amargaron el XIX regresan disfrazados de regionalistas folclóricos. Lo afirma mientras el lehendakari Ibarretxe se marcha a la isla de Pascua para enseñar euskera a los moais y los representantes charnegos de una oscurecida Cataluña regalan diccionarios de catalán-sánscrito.

Como todo se contagia, (especialmente rápidos son los apagones,) estas nuevas folclóricas también han puesto su objetivo en las Baleares y la invaden con escalofriantes trajes gris perla mientras rinden vasallaje a la vulgaridad, envidia y complejos cainitas. Naturalmente los primeros en sufrir las consecuencias son los que menos culpa tienen: los niños de Baleares estarán obligados a estudiar en catalán (si osan decir mallorquín o ibicenco les echan de clase) aunque prefiriesen hacerlo en español. El derecho a elegir la lengua educativa se viola mientras hablan de libertades unos mentecatos que jamás podrán entender los nobles escritos de Ramon Llull.

En la televisión autonómica pretenden desterrar también toda otra lengua que no sea el catalán. Traerán películas dobladas por los hijos de Pujol y el español, la lengua en la que se entienden los pueblos celtíberos, será atacado mezquinamente. Los periódicos y revistas, sin embargo, seguirán escribiéndose mayoritariamente en español, que por lo visto se lee más pese a la grotesca publicidad de un Pérez-Carod y sus plumillas comiendo salchichas en la literaria feria de Frankfurt.

Matas se equivocó al no mostrar más firmeza ante estas fanáticas folclóricas que vilmente emplean una lengua maravillosa para dividir. El Rey, símbolo de una unidad forjada voluntariamente hace más de cinco siglos con sangre en el lecho que no en campo de batalla, vuelve a ser objeto de groseros ataques por parte del nuevo pacto a la balear o ensaladilla rusa de fuerzas políticas dirigentes.

Jamás podrá entenderse que los dos partidos mayoritarios prefieran pactar con nacionalistas antes que entre ellos. Quo Vadis Hispania. Pues a las taifas, que no en vano nos reclaman de nuevo las moscas cojoneras con turbante y sonrisa de cimitarra ante la proyectada alianza de civilizaciones de un presidente por accidente. La historia demuestra que el terror y la distorsión de la educación dan sus frutos. También que terminan pudriéndose, pero mientras tanto han envenenado unas cuantas generaciones con miedo a ser feliz.

En medio de tanta cruel tontería me acuerdo siempre de una gran dama mallorquina, quien dulcemente cuadró a unos periodistas esclavos del reich catalanista que pretendían una confesión afín a su paja mental: «Mi familia lleva más de setecientos años en Mallorca. Muchos más de lo que llevan sus actuales dirigentes en Cataluña. ¿Por qué no me dejan considerarme entonces mallorquina?». Al igual que el puritanismo nada tiene que ver con la pureza, un catalanista tampoco comulga con la verdadera Cataluña.

Jorge Montojo

FUENTE: El Mundo

Anuncios