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Uno de los problemas más difíciles de resolver en la política moderna es la determinación de quién ha ganado unas elecciones, gracias, sobre todo, a los trabajos que nuestros esforzados representantes se han tomado para sofisticar la más sencilla de las cuatro reglas: la suma. Jaume Matas, por ejemplo, es un perdedor de nuevo cuño por la habilidad de sus adversarios para sumar números enteros y quebrados sin necesidad de reducir estos a un común denominador. Es lo que el perdedor definió con tino como la segunda vuelta en los despachos.

Cuando hace treinta años se optó por las elecciones a una sola vuelta, con sistema proporcional corregido por la ley D’Hont y listas cerradas y bloqueadas, los partidos políticos eran estructuras muy frágiles, bien porque salían de la clandestinidad, bien porque eran de nueva creación. También los votantes éramos nuevos como ciudadanos. Fue seguramente la elección más razonable. Treinta años después es tiempo de plantear la revisión, vistas las ingenierías que los partidos articulan para llevar la voluntad popular hacia sus intereses.

Y los efectos. ¿Cómo saber quién ha ganado unas elecciones? Una primera respuesta: quien haya obtenido más votos. Una segunda voz podría matizar: quien tenga más representantes. Tras las municipales de 2003, el PSOE sostenía el primer criterio (había sacado 100.000 votos más) y el PP el segundo (obtuvo unos cientos de concejales más). Tras los últimos comicios, los criterios cambiaron (el PP había sacado más votos y el PSOE más concejales). Los socialistas defendieron un nuevo criterio, tan razonable, o más que los anteriores: ha ganado las elecciones el que más poder consigue y ellos habían arrebatado al PP diez capitales de provincia. Así, Antich, con el 27,18% de los votos, ganó las elecciones a Matas, que tuvo el 46,01; y López Aguilar las perdió en Canarias frente al candidato del PP, que había quedado diez puntos por debajo.

Han tenido que pasar dos meses justos desde la noche del recuento para saber que en Euskadi, el triunfador absoluto ha sido el PNV, que ha vuelto a recuperar, con Álava, el control sobre las tres diputaciones. Ha sido un triunfo indiscutible, precisamente cuando el PNV había obtenido sus peores resultados en Álava: 19.295 votos y 9,61 puntos menos de los que sacó en 2003. Había pasado del partido más votado al tercero y gracias a ello volvió a colocar a su candidato como diputado general.

Es el prestigio de los terceros. Puras se creyó ungido tras quedar en esa posición en los comicios navarros. Txarli Prieto, un candidato cuyo nombre propio es en sí mismo una alianza de civilizaciones, debió tomar nota de la derrota de su correligionario guipuzcoano Buen, justa retribución por haber sido el primero. Él quedó segundo, un lugar más imposible aún, una plaza a cuyos titulares les está reservado un círculo propio en el infierno del Dante con la leyenda «abstenerse medianías».

Prieto ha sido, sin embargo, un candidato atractivo para Javi Madrazo, que se ha jugado su posición en el Gobierno por apoyar al socialista. El aspecto más relevante de estos resultados electorales es que el tripartito tal como lo conocíamos está en crisis. Ibarretxe hizo una advertencia seria a su socio menor sobre las inclemencias de la intemperie: «Fuera hace viento y frío», le recordó, en un duelo memorable de metáforas, que ganó el lehendakari, bertsolari nato, frente a los tropos insustanciales de Madrazo: «Todos hemos cometido errores y debemos ser autocríticos, pero cuando nos ha apretado el zapato hemos sabido mirar hacia delante». La cosa tendría un pasar si hubiera dicho: «hemos sabido caminar descalzos», pero no parece que sea el caso. ¿Y pensar en aquella pobre modelo que se ganó la inmortalidad con la cita del candelabro!

Desvelaba ayer Madrazo que el PSOE le ha tentado repetidamente con ofertas «indescriptibles» para su alternativa al nacionalismo. Según se desprende de su relato, cuatro departamentos a elegir si votaban a Buen. No da detalles sobre qué les ofrecieron por votar a Prieto, pero, al parecer, lo han hecho por una gran causa: impedir que los socialistas alaveses se sintieran tentados de llevar al PP a la presidencia del Gobierno foral. El alavés Samaniego había descrito en una fábula un diálogo aproximado: «Del peso te libro yo./Txarli Prieto respondió: «gracias, señor Elefante».

Entre los hechos diferenciales, las últimas elecciones han venido a subrayar otro elemento identitario. En tiempo real, que es como el Departamento de Interior da a conocer los resultados electorales, quiere decir: ‘dos meses después’. Unos días más en la comunidad Navarra. Los efectos, de momento crisis del tripartito y fin de la alternativa, quizá se queden en la sustitución de Madrazo por López. Y todo volverá a ser como en el 86, retorno eterno.

Santiago González

FUENTE: El Correo

s.gonzalez@diario-elcorreo.com

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