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No son espartanos; son euros. Aunque también con esto se podría hacer una película. Claro que no sería épica, sino más bien costumbrista: se trataría de cómo en la España de Zapatero se recuperó el Premio de Natalidad de rancio abolengo. 

No he querido entrar a escribir sobre el asunto  esperando a que otras voces, desde la izquierda, llamaran la atención sobre los aspectos más insólitos de esta medida anunciada a bombo y platillo por el Presidente del Gobierno en el Debate sobre el Estado de la Nación.

Pero para mí sorpresa y salvo contadas excepciones los analistas y críticos se han limitado a debatir sobre la cuantía, el plazo de preceptividad y/o el oportunismo del anuncio y del momento en que tal cantidad empezará a pagarse a los felices nuevos padres.Así que voy a dar mi opinión al respecto.  

Bueno es que el Partido Popular lleve en su programa electoral una propuesta de dar 3000 euros por cada nuevo hijo sin ningún tipo de instrumento corrector; pero me parece difícilmente explicable que un gobierno que presume de ser el más izquierdoso que ha conocido la historia de España ponga en marcha una iniciativa que es de todo menos igualitaria y cuyos efectos no hacen sido profundizar en las desigualdades de origen.  

Está en la tradición de todas las políticas que pretenden la justicia social –desde la socialdemocracia hasta el liberalismo político y la democracia cristiana europea, en mayor o menor grado o énfasis– aplicar baremos en las prestaciones económicas que se establezcan, de modo que los recursos públicos, siempre escasos, tengan una distribución más equitativa y ayuden de forma especial a aquellos que más lo necesiten.  

Las prestaciones económicas nunca se universalizan, pues el efecto sería contrario al pretendido desde la perspectiva social y de justicia. Lo que se universalizan son los servicios sociales –educación, sanidad, etc.– no sólo porque son derechos universales sino porque su universalización evita el establecimiento de categorías de ciudadanos tanto en su prestación como en su recepción.

Pero universalizar una prestación económica es algo verdaderamente inaudito;  desde las becas de estudios, a las viviendas de protección oficial, a las ayudas para alquileres, para jóvenes, familias numerosas, discapacitados…etc., todas las prestaciones económicas están sometidas a baremos.  

En España no reciben becas de estudios los hijos de los presidentes de los bancos, los hijos de los altos funcionarios, los que tienen rentas superiores a una media establecida, los personas acaudaladas, los rentistas… Pero todos ellos podrán percibir 2500 euros si tienen un nuevo hijo. No hay quien lo entienda.  

Y luego está lo de la entrada en vigor de la norma. Con carácter general las leyes surten efecto desde el día siguiente a su publicación en el Boletín Oficial del Estado.  Sólo tienen otra fecha de preceptividad si así lo establece la propia ley ateniéndose a circunstancias extraordinarias que deben ser justificadas también de forma excepcional.¿Qué circunstancia extraordinaria hace que esté previsto que esta ley entre en vigor de forma retroactiva, haciéndola coincidir con la fecha en que el Presidente Zapatero anunció su idea en el Congreso de los Diputados? ¿Cómo justificarán la excepcionalidad?

Me temo que no lo harán; y que lo único extraordinario, verdaderamente extraordinario, es que el Gobierno piense que  la palabra de él es la ley. Pero nada, todo el mundo a callar. Se ve que el dinero es el mejor de los cloroformos. Como solía decir mi madre: “Al toma, todo el mundo asoma”. 

ROSA DÍEZ

Del Blog de Rosa

Diario Digital Basta Ya 

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