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No es precisamente un récord deportivo de los de enorgullecerse que un partido que nació con espléndidos resultados y expectativas haya provocado en torno suyo tantos dimes y diretes exclusivamente volcados en sus peleas internas. No, más bien es un fracaso en toda regla, y lo que ha fracasado es el modelo de partido. No es algo que deba minusvalorarse, porque el modo de hacer política de un partido depende en buena medida de su propia calidad.

Es una consecuencia del carácter instrumental de cualquier partido político, incluso de los que se definen de modo más sublime como garantía de valores metafísicos o conciencia de la historia y otras charlotadas semejantes. Lamentablemente, el PSOE se ha convertido, o está en camino de convertirse, en una confederación de aparatos consagrados a manejar su base territorial de poder; el PSC es la vanguardia de esa disolución enmascarada.

¿Cómo cabe esperar que un partido así defienda y gobierne un Estado de derecho concebido como Nación de Ciudadanos Iguales? No cabe esperarlo. ¿Y el PP? No tiene todavía el mismo problema que el PSOE, pero apunta maneras, como indica las advertencias de sus cúpulas territoriales en el sentido de que Valencia o Madrid no van a renunciar a nada que consiga Cataluña, ya puestos; es decir, la voladura de la igualdad fiscal, en concreto. Pero no es Valencia, ni Madrid o Cataluña quienes consiguen cosas o dinero, sino grupos privilegiados instalados en esos territorios. Algo sabemos del tema en el País Vasco, donde el Concierto Económico es esencialmente un chollo para financiar al nacionalismo y a los grupos empresariales afines o neutrales, mientras los servicios públicos se estancan o retroceden, sean las patéticas autopistas vascas o los aeropuertos de chichinabo, como el guipuzcoano, pasando por una sanidad en crisis y una enseñanza consagrada a formar abertzalitos patanes.

Ni el PSOE, ni el PP, ni ninguna sigla puede por sí sóla y ella solamente garantizar la viabilidad de un sistema constitucional seriamente amenazado. Tienen demasiados intereses e hipotecas firmadas para lanzar las propuestas políticas imprescindibles para rescatar la democracia española de la disolución en una colección de taifas ricas y pobres. Basta con ver las propuestas de Rajoy de reforma de la Ley Electoral: ni entran al fondo de la cuestión, el bipartidismo imperfecto con casi obligatoria alianza con nacionalistas, ni están presididas por otra preocupación que mejorar las posibilidades del PP para gobernar.

Por eso el editorial de hoy de ABC que carga contra Ciudadanos equivoca las cosas, aunque C’s haya dado motivo de sobra. Ciudadanos, es cierto, ha fracasado como partido: no es de recibo que sus dirigentes quiten importancia a la enorme disidencia que ha generado en su seno, y que el último congreso no ha hecho sino empeorar. Tampoco se ve por ninguna parte el esfuerzo por construir un partido nacional como el que proponemos. Albert Rivera decía ayer que han creado la agrupación de Asturias y que están en puertas de fundar las de Galicia y Extremadura –curiosamente, nuestro periplo de fundación de Plataforma Pro; ¿casualidad solamente?-, pero el hecho es que antes de ayer, en Oviedo, un miembro de Plataforma Pro que también es afiliado de Ciudadanos desde hace muchos meses, afirmó que todavía no conocía a ningún otro afiliado asturiano… El extraño caso del afiliado Robinson Crusoe, podría titularse un ensayo breve sobre el tema. Y otros vicios: que la eurodiputada socialista Rosa Díez y yo mismo, portavoz de este invento, debamos enterarnos de los temas de nuestras conversaciones (futuras) con ellos –ni siquiera comenzadas, salvo un par de llamadas para hablar- a través de la prensa, que “sabe” mucho más del tema que nosotros mismos, los interesados. No son maneras, y revelan extrañas propensiones a una política a la veneciana, época Puente de los Suspiros.

Pero si Ciudadanos ha fallado como modelo de partido, y por tanto comprometido su posibilidad de ser la fuerza que impulse otro modo de hacer política más transparente y abierto a escala nacional, de lo que se trata es de mejorar el modelo de partido y afinar su contextura. Dar por finiquitada la idea es tanto como echar a la abstención eterna a los muchos españoles que están más que justificadamente hartos del sistema de partidos actual. Y si lo que se pretende es que la cosa tire a trancas y barrancas con un 60% de abstención o más, y con pactos eternos de los dos grandes y vituperables partidos con partidillos oportunistas a la balear o la canaria, que se diga de una vez y que se deje de dar la murga con una regeneración del sistema en la que, obviamente, no creen en absoluto. Nosotros sí. Por eso vamos a seguir, con (mejor) o sin Ciudadanos.

FUENTE: Blog de Carlos Martínez Gorriarán

Diario Digital Basta Ya

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