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En Asturias, Oviedo. Otra reunión muy prometedora de Plataforma Pro. Sigue sorprendiéndonos el gran caudal de sensatez, crítica constructiva y realismo que el sistema de partidos y sus terminales sectarias han logrado soterrar bajo la avalancha de un discurso ramplón y sus prácticas ínfimas.

 

 

Tomemos por ejemplo lo de Navarra, o sea, la renuncia zapateril a coaligarse con NaBai. ¿Cómo entenderla? Además de por los datos hostiles de las encuestas de opinión, dentro de una carambola más amplia, que sin duda son las que apasionan al inquilino de Moncloa. Veamos: dejando a UPN el gobierno navarro, el PSOE podrá presentar las acusaciones del PP de haber vendido Navarra, como de costumbre prematuras, como una variante veraniega de las insinuaciones de una trotaconventos a una vestal carmelita. Y en cambio… ahí está la coalición pepera con los nacionalistas canarios. Y es que la especialidad del PP es pasarse de frenada o no acelerar a tiempo: una variante del juego de las siete media cantando por Muñoz Seca en la Venganza de Don Mendo: si no llegas mal, y si te pasas, peor. En fin.

Pero no era eso el asunto; la digresión anterior es una muestra de los efectos de la obnubilación periodística. Aunque no tanta como esta insensata bobada: que un abogado londinenes ha nadado en el Artico… para oponerse al calentamiento global. Valiente gesto. Como comer hasta reventar en El Buli o Arzac para denunciar el hambre en el mundo. No obstante, es el género de noticias-majadería que reciben una atención preferente y comentarios generosos en los patios de porteras más cotizados.

 

Y en cambio, en Asturias, estupendo. Una perspectiva interesante que surge en el coloquio con estos buenos amigos: la importancia de acertar a la hora de explicar cuál es el verdadero problema que el nacionalismo periférico, separatista, causa y causará en comunidades deficitarias, necesitadas de fondos públicos del Estado, como es el caso de la muy hermosa Asturias. La torpeza del PP y afines ha consistido en insistir en “la ruptura de España” y mensajes así, obcecados en un simbolismo profético. Cuando el problema es hacer llegar a los ciudadanos normales y molientes que España seguirá, sí, pero reducida a marca comercial de un Estado vacío, constitutivamente incompetente –una especie de rolex de plástico, o trólex-, incapaz de cumplir con las obligaciones y misiones de un Estado de y para todos. Con el golpe de mano catalán a la hacienda pública, que si sale adelante será imitado por las dos o tres comunidades que cotizan por imperativos del oportunismo electoral, ¿qué le quedará al Estado para invertir en Asturias, Extremadura o Andalucía? ¿Cómo se garantizará una igualdad razonable cuando el derecho a la sanidad, la educación o los demás servicios públicos dependa exclusivamente del saldo fiscal del territorio de residencia o (y) de la cuenta corriente personal y el seguro privado, sin que haya circuitos de redistribución en forma de inversiones públicas del Estado? No es hablar de la pela: es hacerlo de la igualdad y la libertad efectivas, esas que dependen de la materialización práctica de los derechos teóricos, dependiente de la política. Lo demás es cháchara más o menos emotiva, agitar banderitas o encerrarse en el delirio de que nunca nada fue mejor que ahora: pues eso, nada.

 

FUENTE: El Blog de Gorriarán.

Basta Ya Diario Digital

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