arcadiespada.jpg 

El artículo de Savater, ¿Ciudadanos o feligreses?. Sólo se me ocurre decir (con gracia) ¡Dios mío!

Mi amigo Roger Corcho pide aplicarle la estrategia analógica de Gombrowicz. Allí donde habla de religión, tan comprensiva y resignadamente, proponerle hablar de nacionalismo. Al fin y al cabo la analogía es mucho menos violenta que la de teología y ciencia, dictada en este párrafo inmortal: “Dicho sea en su descargo, los autores citados (Dawkins et…) son más bien científicos (o partidarios de subordinar la filosofía a la ciencia, como antaño fue “criada de la teología”), o sea, expertos en el manejo de los números y en la experimentación con los hechos, pero deficientes en la comprensión de los símbolos.” Científico: dícese del deficiente simbólico.

Más sorprendente aún es el propio arranque del artículo. Reprocha Savater a los amigos que pierdan el tiempo sometiendo a la luz racional las pruebas sobre la existencia de Dios. El reproche es fruto de un punto de vista, digamos literario, que no reconoce la acumulación del conocimiento. Porque lo que se sabe sobre Dios en nuestro tiempo no es lo mismo que se sabía cuando Hume, Kant o Freud. Pero, sobre todo, hay que leer esto: “Al parecer dan por descontado (Dawkins et ) que aportando razones lograrán librar a los ilusos de convicciones que, ay, ninguno de ellos ha adquirido por vía racional”. Dado por hecho que debe de haber una vía intramuscular, la pregunta sigue indemne: ¿hemos de organizar (ay, racionalmente) una emoción buena que desactive las perversas, como un clavo saca otro clavo?). La historia de la Humanidad dice todo lo contrario, naturalmente: si la razón nada pudiera hacer frente a la ilusión, a Savater ya lo habrían quemado vivo (quiero decir más veces).

Lo último que dice nuestro querido Voltaire es que el ataque contra “la religión empobrece la imaginación” No es una frase cualquiera. Quiá! Concentra el parón poético de la literatura y de los literatos. La religión desencadena el mismo torrente imaginativo que la Astrología o cualquier otra superstición. Torrente inmóvil, cosificado desde siglos, como toda la ropa vieja de sus metáforas. Sólo la ciencia puede curar a la imaginación.

ARCADI ESPADA. Del Blog de Arcadi.

Anuncios