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La clave de lo que pasa en Lizartza, ese piso piloto de Euskal Herria, está en la información que hoy puede leerse en la prensa sobre la toma de posesión de la nueva corporación:

El municipio guipuzcoano de Lizartza (600 habitantes) es desde ayer un símbolo para el PP.

No se entiende ¿o sí? el motivo, o quizá la causa, que ha llevado a restringir el ámbito moral de la noticia al Partido Popular. Los siete magníficos que, encabezados por Regina Otaola, tomaron ayer posesión del Ayuntamiento, son una referencia para todos los demócratas españoles. El martes próximo se cumplen diez años del secuestro de Miguel Angel Blanco, el concejal popular de Ermua, asesinado 48 horas más tarde. Tal vez se pueda escribir entonces:

El municipio vizcaíno de Ermua (16.449 habitantes) es desde hace diez años un símbolo para el PP.

Lizartza es hoy mismo, como Ondarroa, el rompeolas de las libertades en Euskadi. Hace cuatro años salió elegida una lista del PNV encabezada por Joseba Egibar. Él, como ayer Regina Otaola, no quiso tomar posesión del Ayuntamiento en un acto simbólico realizado en la Diputación de Guipúzcoa. Fue a Lizartza y tomó posesión, dio un paseo por el pueblo, desafiando la hostilidad ambiental y se marchó. No estuvo ayer para hacer el traspaso de poderes que forma parte de la liturgia democrática. Este solo hecho es indicativo del retroceso experimentado por la dignidad y las libertades en estos cuatro años.

FUENTE: Blog de Santiago González

 

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