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He seguido con sumo interés el congreso de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, celebrado este pasado fin de semana. No se presentaba un congreso fácil. Las divisiones internas, graves y al parecer insalvables y que se venían produciendo en un mar de enfrentamientos continuos desde hace meses, hacían de este conclave el momento más importante de la corta historia del partido y el acto donde se dirimiría su futuro.

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¿Que ha sucedido para que en tan poco tiempo se llegue a este estado de cosas? Eso es lo que pretendo analizar en estas líneas, bajo el punto de vista de un ex afiliado y ex militante de Ciudadanos. 

Quienes nos opusimos a la expansión precipitada de la formación al resto de España, temíamos que el exceso de triunfalismo y euforia no contenida, producto del éxito puntual en las elecciones autonómicas catalanas, supusiera, como así ha sido, el principio del fin del partido.

Ciudadanos nació en Cataluña como respuesta a una realidad social muy concreta, en donde la asfixia del nacionalismo sirvió como eje vertebrador de las distintas sensibilidades que confluyeron en él.  Esta realidad, inexistente en la mayor parte del resto de España, permitió que los debates ideológicos y sus etiquetas pasaran a segundo plano ya que la causa del nacimiento de la formación, era en sí misma su ideología. La oposición frontal al nacionalismo excluyente y la defensa de la identidad española de Cataluña, perseguida en todos sus ámbitos, no hace distinciones ideologicas. Es la agresión que se sufre lo que unió a Ciudadanos, sin más ideología que un ideario básico asumido por todos, no nacionalista, que bebía de las fuentes constitucionales en lo concreto, y de la tradición liberal progresista y social demócrata europea en el pensamiento político. 

Sin embargo la buena voluntad, el entusiasmo inicial y la buena acogida de la sociedad catalana, debía pasar una revalida antes de lanzarse abiertamente a conquistar nuevos horizontes. Un partido que no se había posicionado en muchos de los grandes temas de debate nacional actual, que en lo ideológico no se definia mediante etiquetas convencionales porque no era necesario en una realidad social catalana monopolizada por un nacionalismo que lo invade todo ( incluso los partidos tradicionales de todo el arco ) carecía de unas bases políticas consistentes y asentadas para iniciar su expansión por toda la nación.  

En el resto de España, esa ausencia de posicionamiento ante los grandes temas nacionales, y la indefinición convencional ideológica, serian el grueso del debate interno del partido ( contagiando a  su vez a Cataluña ), al no existir el problema nacionalista común vinculante. Y debido a lo variopinto de la afiliación, el desastre estaba cantado.

Ciutadans, marca catalana, no podía ser la base de un nuevo partido estatal que viviera permanentemente de los réditos electorales autonómicos del pasado y de la acción política en el parlament, practicamente desconocida fuera de Cataluña . El partido debió de mantenerse como tal exclusivamente allí, y con el apoyo nacional de los asociados a Ciutadans de Catalunya del resto de España, pasar esa revalida necesaria de la que hablaba, ante los votantes catalanes: las elecciones municipales.  

Consolidado el proyecto en el Principado y evidenciada ante la sociedad española que es posible un partido de ciudadanos al margen de las formaciones tradicionales, seria llegado el momento de plantearse, no la expansión, sino la convergencia con iniciativas similares en el resto de España. 

La falta de prudencia que todo éxito conlleva, hace morir de él, dijo el poeta. Y se decidió lo menos indicado a mi entender: abrir sucursales anárquicamente a lo largo y ancho del país, que supuso el acercamiento de muchísimos ciudadanos sin más animo que ser participes de un proyecto que despertaba ilusión, pero que a su vez, y debido a esas precipitaciones, permitieron el desembarco de arribistas, profesionales mediocres y trepas de toda índole. Con estas premisas, los protagonismos y los enfrentamientos personales estaban servidos.

Fuera de Cataluña no fuimos conscientes de que eramos depositarios de una marca y una idea que debiamos cuidar. El fracaso de la expansión, pasaria factura al exito inicial catalán.  Y a los graves errores cometidos, se sumo uno más grave todavía. La presentación de candidaturas a las elecciones municipales fuera de Cataluña, como una experiencia piloto que tomara el pulso de la aceptación de una iniciativa foranea que respondía a unos problemas muy concretos en una comunidad muy concreta. Nuevamente se pretendió rentabilizar aquel éxito inicial ya difuminado y en un contexto de división interna muy grave.

Esta huida hacia delante a mí se me antojo suicida, a pesar del entusiasmo inicial de mis compañeros de Alicante, los cuales se presentaban con el único bagaje de una marca desinflada, sin haber estado previamente inmersos en el entramado social alicantino y desconociendo completamente su realidad. El resultado esta a la vista. La división del voto ciudadano permitió revalidar ( contra todo pronostico ) la alcaldía a Díaz Alperi (PP) por mayoria absoluta, para sufrimiento de la mejor tierra del mundo. No solo no se consiguió ser bisagra, sino que se facilitó la permanencia en la alcaldía a un político de dudosa tachadura moral y ética. 

¿Cuales son las soluciones que se plantean? Principalmente dos, y ambas me parecen inadecuadas. La fusión con la Plataforma de Basta Ya, por un lado, y el repliegue a la esencia catalana por el otro ( esta posibilidad lleva implícita la invitación al abandono de muchos afiliados )  

La primera seria muy negativa para Basta Ya. Según mi criterio, los grandes problemas que atraviesa Ciutadans se trasvasarían a la formación en ciernes. Y la segunda pretende borrar de un plumazo el error de la expansión incontrolada. Pero este repliegue trae consigo consecuencias y la principal sera el ejercito de desencantados ex afiliados que generará Ciudadanos al volver al ámbito catalán exclusivamente y el recelo que despertara en posibles iniciativas ciudadanas futuras de ambito nacional.

Sea cual sea la que se adopte finalmente, los errores fundacionales han sido tan graves y de tan profundo calado, que la recuperación del partido me parece más que imposible. Me temo que Ciudadanos ha sido flor de un día (espero de verdad equivocarme), y victima de los mismos pecados de siempre.

La regeneración democrática empieza por uno mismo. Y esto ha faltado en Ciudadanos. 

Tomemos nota de ello, y no repitamos en el futuro los mismos errores.   

Ramón Ángel Romero Martínez

Blogmaster  

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