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Estas fueron las palabras que escuché decir ayer en la SER a uno de los soldados supervivientes tras el atentado que el domingo costó la vida a Jeyson Alejandro Castaño, Yhon Edisson Posada, Jefferson Vargas, Juan Carlos Víllora, Jonathan Galea y Manuel David Portas.

Quiero hoy hacer un humilde homenaje a nuestro ejército. Sirvan estas palabras de recordatorio de todos esos jóvenes que forman parte del ejército español, que arriesgan cada día su vida en misiones peligrosas en países a miles de kilómetros de sus hogares y de sus familias. Sirvasn estas palabras para recordar cual es su misión, por qué arriesgan su vida.

El ejército español está mal pagado, mal dotado y muy poco acreditado socialmente en España. Pocas veces escuchamos hablar de él, salvo en los momentos en los que hemos de enterrar sus muertos. Hemos pasado de un ejército compuesto principalmente por los soldados de reeemplazo que llegaban a la mili obligatoria a un ejército llamado profesional formado de forma aplastantemente mayoriataria por jóvenes que encuentran en él su primer empleo, una forma accesible de empezar a llevar a su casa un sueldo, aunque sea escaso, para ayudar en la economía familiar. Es particularmente llamativo descubir que mientras el número de inmigrantes en el ejército representa un total de aproximadamente el cinco por ciento, esa cifra se dispara por encima del treinta por ciento cuando se trata del número que acude a las misiones en el exterior. Es una forma de ganar un poco más de dinero para ayudar a unas economías siempre escasas.

Reconozco que siempre pensé que el servicio militar obligatorio era más igualitario; y puesto que se necesita un ejeército, que esa era la forma de que todos los españoles prestaran un servicio equivalente al margen de su extracción social. Pero se tomó otra decisión y aquí estamos. Pues bien; si hemos de tener un ejército profesional, hemos de dotarlo bien; hemos de pagar bvien a sus miembros; hemos de acreditar su labor socialmente. No puede ser que parezca que nos da bergüenza que nuestros soldados vayan armados, vayan a una guerra, luchen en ella por defender los derechos humanos y por implantar la paz. Losa soldados van a la guerra; en El Líbano, en Afganistan, en Kosovo antes, había guerra. Y nuestros soldados, con otros contingentes de los países aliados, están allí para conseguir la paz, para tratar de extender la democracia, para evitar geneocidios y crímenes horrendos; pero están en una misión de guerra. Como lo estaban los soldados norteamericanos y canadienses que desembarcaron en Normandía: venían al viejo continente a participar en una guerra con el propósito de conseguir que llegara la paz a Europa.

No debemos avergonzarnos de que sea así. Nollevan margaritas; llevan fusiles. Debemos estar orgullosos de que esa sea su misión. Nos representan; defienden las libertades; obedecen a los poderes civiles democráticos; se les aplican las leyes de la democracia; son nuestros escudos. No sé que distintivo les corresponde. Pero sé que estaban en una guerrra para imponer la paz. Debemos de estar orgullosos de ellos, reivindicar su labor; pagarles bien, dotarles bien, protegerles bien. Debemos estar orgullosos de ellos; como lo estaban las madres de los soldados canadienses y norteamericanos que murieron en Europa para propteger nuestras libertades y las sociedades libres en las que hoy vivimos. No llevaban margaritas; llevaban fusiles. Honrémosles como se merecen.

ROSA DÍEZ

Del Blog de Rosa

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