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Las peripecias, más o menos míseras, del historicismo son a veces sorprendentes. La historia (remota) es utilizada como un impulso formidable para legitimar las más estúpidas narraciones políticas, y entre las más estúpidas el nacionalismo, sea dicho como si fuese nuevo.

Por el contrario la historia es escasamente invocada, como atenuante, en el complicado proceso de la construción europea. Lo mejor de este proceso, precisamente, es que está haciéndose contra la historia. Auschwitz tiene poco más de sesenta años. El Muro desapareció no hace ni veinte. Los periódicos hablan del eje franco/alemán como si el que hubiese desfilado por los Campos Eliseos fuese Atila. Lo que se está haciendo en Europa es, apenas, cerrar la posguerra, Sin que a nadie civilizado se le ocurra invocar la historia y mucho menos la memoria histórica. Ni a los polacos, bien mirado. Es cierto que han invocado la invasión alemana. Pero sólo para obtener más pasta, y la pasta lo envilece todo.

ARCADI ESPADA. Del Blog de Arcadi

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