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Cuando la intolerancia se convierte en política pública, en Razón de Estado, en argumento opositor, en motivación de conductas y actuaciones de uno y otro sector de una polarizada sociedad; cuando no se quiere, por principio – por esa razón de las sinrazones: porque no me da la gana – escuchar al otro, comprender las razones que sostiene, los argumentos que esgrime: la democracia está en peligro.

Cuando hay espacios cívicos cerrados a los demás; cuando una plaza o un edificio o un torreón se convierten en blindado y protegido Alcázar, que debe ser defendido a ultranza de los adversarios por guardias y militantes armados, para hacer efectivo el ¡No Pasarán! que tantas víctimas arrojó en cercanos conflictos de fraternas latitudes: la solidaridad está en peligro.

Cuando los gobernantes se encierran en una posición ideológica excluyente que todo lo tiñe de un color ideológico, de un prisma pardo o rojo, lo mismo da, y las acciones y conductas de sus gobernados son juzgadas con eslogans y clichés, con frases hechas, repetidas a conveniencia y en cualquier circunstancia: la libertad está en peligro.

Cuando los gobernados, y en especial, la juventud – que responde a motivaciones distintas a viejos y desconocidos reconcomios cuartorepublicanos, independentistas o decimonónicos – entiende, con pesar, que la respuesta oficial reiterada a sus reclamos por demandar la reconciliación nacional, la unidad de los venezolanos, el regreso a la sensatez perdida, es la descalificación, el insulto, la burla o la represión: la paz está en peligro.

Cuando todas estas desdichadas situaciones, estas detestables circunstancias, se suman y superponen, el peligro de una autocracia sorda y orgullosa se va haciendo una realidad. Progresivamente, vamos construyendo una sociedad muy bien caracterizada por Fernando Savater “una cultura de la unanimidad inocua, de la autocelebración, de la antimodernidad, del recelo ante la conspiración extranjera, del gregarismo patriótico, del puritanismo sexual, del entrometimiento estatal en lo que piensan, sueñan o desean los ciudadanos amordazados.”

ENRIQUE VILORIA VERA

Analitica.com

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