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Hubo un tiempo en que la mediocridad política de muchos y la cobardía moral del resto dejaban abandonadas a la intemperie a las víctimas del terrorismo y a sus familiares. Nadie se acordaba de ellas, ni instituciones, ni autoridades; y lo que es peor, ni siquiera eran bien vistas. Parece un imposible, una exageración de este cronista, pero existieron esos tiempos en que los asesinos salían por la puerta principal de las iglesias del País Vasco, mientras los familiares de las víctimas lo hacían por la trasera como ladrones de tumbas, avergonzados por los matones y a veces insultados o agredidos.

“Algo habrán hecho”, pensaban entonces muchos para arrinconarles aún más o para calmar su conciencia. Eran tiempos sin grandeza moral. Pero hasta en el cenagal nace la flor de loto, sola, única, llena de belleza en su atrevimiento. Nació en la Plaza San Jaime de Barcelona, no se sabe bien cómo ni cuando, pero cada atentado unas docenas de personas se acercaban a la plaza y guardaban silencio por las víctimas. Era una modesta asociación, Ens Movem, quien las convocaba. Sólo la Asociación por la Tolerancia asistía.

Cuando ETA puso fin a su anterior tregua trampa y mató al teniente coronel Blanco García, el 21 de enero del 2000, la Asociación por la Tolerancia, en vista de que aquella asociación pionera en su posicionamiento público en contra del terrorismo y a favor de las víctimas había desaparecido, se vio moralmente obligada a tomar el testigo.

En tres ocasiones mantuvo en solitario la convocatoria en el mismo sitio. En la cuarta, y hasta un total de 42 concentraciones más, se les sumó la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que hasta ese momento no había tenido la fuerza o el “atrevimiento” de convocarla por sí misma, ¡así estaba el contexto y no precisamente por culpa de dicha asociación! El escenario se trasladó a la Plaza de la Tolerancia, junto a Hipercor, como recordatorio de que allí ETA había perpetrado la mayor matanza de su historia. 21 muertos, 43 heridos y una sensación agria en el alma es lo que nos ha quedado de aquel atroz atentado. Este martes, 19 de junio, se cumple el 20 aniversario de aquel horrible atentado.

Un poco más tarde, la Asociación se adhirió a una plataforma contra el terrorismo que, incluyendo también a Foro Ermua, Foro El Salvador y Movimiento contra la Intolerancia, editaba un manifiesto común que era leído a la vez en distintas ciudades de España. Sin embargo, las últimas convocatorias volvieron a realizarse sólo en nombre de las dos entidades originales.

En la Plaza de la Tolerancia, la asociación del mismo nombre intentó, con poco éxito, involucrar a un número cada vez mayor de asistentes, invitando a leer el comunicado conjunto de las dos asociaciones a algún representante del colectivo al que pertenecía la víctima mortal de turno. Acudieron a la llamada policías, jueces, representantes sindicales o de partidos políticos, periodistas, intelectuales, empresarios, etc.; pero sólo en ocasiones concretas o a título particular. Únicamente se sumaron a esa causa Ágora Socialista, de forma permanente, e intermitentemente las Madres de la Plaza de Mayo Línea Fundadora, de Taty Almeida, a través de Nora Rodríguez.

Ahora, después de muchos años de silencio de tantos, en el vigésimo aniversario del atentado de Hipercor, la Asociación por la Tolerancia dejará la plaza donde recordó cada víctima y se sumará a la concentración institucional de quienes guardaron tanto silencio durante tanto tiempo. Su actitud honra aún más si cabe a las víctimas y lava la conciencia colectiva de quienes pudiendo haberles acompañado eligieron mirar para otro lado.

Yo quiero hoy rendir homenaje a ese puñado de valientes encabezados por Marita Rodríguez, presidenta de la Asociación por la Tolerancia, por su coraje y altruismo. Nadie les recordará en la foto institucional de este martes, día 19 de junio de 2007, en el homenaje a las víctimas. Pero ellos fueron quienes nos salvaron a todos del olvido y la crueldad. Gracias.

ANTONIO ROBLES. Libertad Digital

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