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Los españoles sentimos un orgullo legítimo por la Transición democrática. El paso del régimen autoritario al pluralismo constitucional sin ruptura de la legalidad y la actitud generosa de los líderes políticos y del conjunto de la sociedad son una referencia a escala internacional.

 Los protagonistas de la Transición supieron estar a la altura de las circunstancias: el pueblo español redujo la «sopa de letras» a las opciones realmente representativas y los partidos -con alguna excepción- lograron acordar un texto que se convirtió en la Constitución más fecunda de la historia de España en términos democráticos. Un éxito de todos y para todos, basado en la búsqueda de un proyecto común que ha permitido la incorporación definitiva e irreversible de nuestro país al mundo moderno. Hubo momentos muy duros y fue necesario -todavía lo es, por desgracia- hacer frente al terrorismo de ETA y a sus secuaces. Todo se superó gracias al esfuerzo colectivo, a la perseverancia y a la convicción general de que algo muy sólido une a la inmensa mayoría de los españoles por encima de las naturales discrepancias ideológicas. La Constitución nacida de las elecciones del 15 de junio de 1977, cuyo trigésimo aniversario conmemoró ayer el Congreso en un acto oportuno y bien organizado, ha cumplido con creces su función como marco jurídico de la convivencia. En tiempos de cierto desánimo conviene tener presente que la España constitucional ha sido y es un éxito colectivo, a pesar del sorprendente empeño de algunos de caminar hacia un horizonte sin final conocido.

Su Majestad el Rey ha expresado muchas veces estas ideas capitales en el ejercicio de su función como árbitro y moderador del funcionamiento de las instituciones. Ayer las reiteró en su discurso del Congreso, con el tono apropiado para un acto solemne pero a la vez emotivo. Aquel 15 de junio es una de las fechas más importantes de nuestra historia reciente y marcó un hito fundamental al demostrar que el pueblo español era «el verdadero protagonista». Don Juan Carlos enlazó con precisión el pasado con el presente y el futuro. Los valores de la Transición siguen siendo la clave para asegurar nuestro porvenir mientras se mantenga viva la ilusión por el proyecto común. Es un recuerdo especialmente adecuado en estos tiempos de zozobra y malestar político.

El espíritu de las primeras elecciones democráticas contrasta con la acción política de Rodríguez Zapatero que ha reabierto de forma irresponsable una serie de cuestiones que la sociedad española daba por superadas. La Constitución y las leyes posteriores articularon un Estado autonómico basado en los principios de unidad, autonomía y solidaridad, con un funcionamiento positivo no exento -como es lógico- de ciertas tensiones. El modelo de relación entre la Iglesia y el Estado dejaba de lado viejas querellas históricas. La lucha contra el terrorismo estaba encauzada por el único camino posible a través del pacto entre los dos grandes partidos. Zapatero ha puesto en peligro los equilibrios inherentes al sistema constitucional por razones puramente coyunturales, con el fin de ganar el apoyo de partidos antisistema que cuestionan la forma de Estado y la forma de Gobierno. El fracaso del supuesto proceso de paz en el País Vasco es la culminación de los errores políticos que marcan una legislatura para el olvido. Una vez más, la lucha contra ETA debe unir a los españoles y a sus representantes políticos: Don Juan Carlos pedía «cohesión» contra el terrorismo y dedicaba un emocionado y significativo recuerdo a las víctimas, que bien merecen la atención y el reconocimiento de todos. Ojalá el acto del Congreso sirva para recuperar al menos en parte aquel espíritu de la Transición que tantos elogios ha merecido. Dado su significado, sorprende la ausencia de dos ex presidentes del Gobierno como Felipe González y José María Aznar, que ayer tendrían que haber acudido a la sede simbólica de la soberanía nacional. Muchos españoles se sintieron confortados cuando Don Juan Carlos se refirió expresamente a España como «patria común», recogiendo las palabras literales del artículo 2, que algunos se empeñan en cuestionar, precisamente porque es la clave de la «Constitución de una gran nación» que, a pesar de todo, sabrá superar los momentos difíciles.

EDITORIAL ABC.

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