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BASTA YA – junio 4/2007

CIUDADANOS Y BASTA YA DEBEN IR DE LA MANO

Arcadi Espada mantiene un encuentro diario con la actualidad política y social. Desde sus artículos en El Mundo, las intervenciones en las tertulias políticas de la emisora Onda Cero o desde su blog (www.arcadi.espasa.com). Fue uno de los impulsores de lo que hoy es Ciudadanos, y ante la propuesta de un nuevo partido político nacional hecha desde el País Vasco, que conoce de primera mano por su amistad con muchos de los promotores, opina que ambas iniciativas deberían presentarse juntas a las elecciones de 2008.

¿Ha ganado alguien estas elecciones?

Las elecciones las gana siempre el que gobierna. En unas municipales es absurdo hacer el cómputo total de votos. Lo importante es saber si en aquellas comunidades donde antes unos tenían la mayoría absoluta, ahora no la tienen pero pueden seguir gobernando. Es el caso de Canarias, Navarra o Baleares. En ese sentido creo que hay más posibilidades de que el PSOE gobierne donde antes no lo había hecho, que lo haga el PP. Todo lo demás, comprendo la euforia del PP y la preocupación de los socialistas por los resultados en Madrid, pero eso desde el punto de vista del reparto de poder no me parece especialmente significativo. Otra cosa importantísima es la abstención, algo que me repugna profundamente, no como actitud sino como síntoma. Comprendo la legitimidad de los que no votan, pero en Cataluña se ha batido el record y eso indica mucho sobre el estado de la sociedad y el debate político, cultural y social catalán. Y también quiero hacer mención a los resultados en el País Vasco, que tienen un punto de dramático. Ha habido una obstinación en mantener el resultado de los aliados de los terroristas y eso es una pésima noticia.

¿Este empate entre PSOE y PP nos lleva a una prórroga de sus actuales políticas?

Discrepo sobre el asunto del empate. Los votos de unas elecciones municipales no se pueden contar así. En España tenemos una prueba histórica bastante chusca: las elecciones municipales de 1931 las ganaron las derechas y el Rey se marchó. Eso es una prueba absoluta y casi cómica sobre la imposibilidad de contar los votos municipales de esta forma. Unas elecciones como éstas las gana quien obtiene mayor cuota de poder en los ayuntamientos y en las comunidades.

Pero, con empate o no, ¿estamos ante una prórroga en los planteamientos políticos de los dos grandes partidos?

Ah, sí, sí. Ninguno de los dos va a cambiar su manera de gobernar de aquí a la primavera o al otoño si es que se adelantan las elecciones generales. En estas condiciones la política española permanece glacial, completamente enlodazada He escrito últimamente que los nacionalistas son los auténticos vencedores de estas elecciones. Lo digo desde un punto de vista metafórico, pero no tanto, porque aumentan las posibilidades de que controlen ayuntamientos y comunidades. Y esto seguirá siendo así hasta que no surja un partido nacional que pueda gobernar con el PSOE o con el PP allá donde uno de ellos tenga mayoría. Mientras la lógica social impida a esos partidos obtener mayorías absolutas, esta especie de condición nacionalista va a estar en todas las estancias políticas españolas. Yo soy completamente beligerante respecto al nacionalismo y por lo tanto me parece que esa es una pésima noticia para los intereses de la razón y de la democracia.

¿Qué le parece que lo primero que se ha escuchado del presidente Zapatero sobre estas elecciones sea decir que “lo bueno de la democracia es que tanto PSOE como PP estén contentos con los resultados”?

Hace mucho tiempo que las afirmaciones del presidente del Gobierno me parecen ejemplos clamorosos de vacuidad. Creo que habla por una pura necesidad fisiológico-política, pero al que no hay que prestar nunca demasiada atención a lo que dice.

¿Son Madrid y Barcelona dos mundos tan diferentes como parecen apuntar los resultados electorales?

Son dos mundos cada vez más diferentes. En Madrid ha habido una batalla política. Aunque se ha resuelto muy contundentemente a favor del Partido Popular, parece que ha interesado más a los electores que en Barcelona. En Cataluña hay la sensación de que el sistema es inamovible y por lo tanto la gente se desentiende. En cambio en Madrid hay disputa, hay poder, hay la necesidad puntual por unos y por otros de intentar cambiar las cosas.

¿Qué le parecen los resultados que ha tenido Ciudadanos?

Pues no me parecen buenos resultados, para qué nos vamos a engañar. Son malos, pero también hay que ponerlo en su sitio. Estas eran una elecciones difíciles para Ciudadanos por una razón técnica: las municipales son las peores elecciones para un partido joven. No para los que actúen sólo en una parte del territorio, sino para un partido que tiene una estrategia global no solamente para Cataluña, sino para España. Ciudadanos necesita todavía implantación y hacer un trabajo de siembra que no se puede realizar en tres meses. A mí lo que más me preocupa es el resultado que ha obtenido en Barcelona, donde no ha sido capaz no ya de crecer, sino de mantener los resultados de las autonómicas. Creo que lo peor que le podría pasar a ese partido, no sé lo que sus dirigentes decidirán, es que se refugien en la suerte, en el victimismo, en el mal trato recibido de los medios, en las dificultades económicas. Todo eso ocurre, pero no debe impedir que se plantee con claridad y con vigor una opción política atractiva para los ciudadanos.

Tras las primeras disputas internas en Ciudadanos ya hay quien les da casi por muertos.

Bueno, eso forma parte de la exageración habitual española. Naturalmente que hay disputas en Ciudadanos. Es un cuerpo vivo, está además en un periodo precongresual. Con estos problemas se corrió el peligro de que afectara a la médula de su proyecto, en el sentido de decir “hombre, pero ustedes que iban a ser la alternativa a la clase política tradicional empiezan a pelearse ya, a los tres meses, igual y con las mismas malas artes que los demás”. Esa imagen, sea cierta o no, se ha filtrado a la sociedad. Con independencia de que ha habido muchos medios de comunicación interesados en avivar las desavenencias, no hay duda de que han existido y también un cierto grado de irresponsabilidad por parte de algunos militantes de Ciudadanos. Eso no es positivo, pero tampoco creo que pongan ni mucho menos en peligro el proyecto. El único peligro que tiene Ciudadanos es el de la esterilidad, el abandono de su carácter necesariamente transversal y de su lugar en necesidad de renovar la política y los modos de hacerla en España.

¿Por qué piensa que la propuesta de crear un nuevo partido nacional, hecha desde personas cercanas a Basta Ya, es una de las grandes noticias?

Porque creo, y lo digo con ese verbo casi religioso, yo que no lo soy nada, en la necesidad de la tercera España. Me parece una auténtica estupidez seguir hablando de pócimas ideológicas aplicables desde la izquierda o desde la derecha para la solución de los problemas. Éstos han de ser analizados uno a uno, con valentía intelectual. Eso de alguna manera debe formar parte de la reforma de los modos de hacer política en España y en general en el mundo. El talante de Sarkozy y la manera de cómo está empezando a organizar la vida política en Francia, con la participación de personas de la izquierda, me parece que son una buena manera de mirar otras cosas. Pero, además de todo eso, hay una cuestión puramente española. Esa guerra de trincheras entre el Partido Popular y el Partido Socialista está llevando a la esterilidad a la gestión política española y propicia una situación peligrosa desde el punto de vista de la beligerancia social. Cuando se habla en estos términos siempre se piensa en la guerra civil. Pensar en eso es una estupidez porque la guerra civil hoy no es nada más que una industria cultural, pero lo que es evidente es que la calidad de la democracia se resiente cuando los partidos dominantes se dedican a insultarse y no a plantear alternativas rigurosas sobre los problemas. En ese sentido me parece una necesidad insoslayable un tercer partido que pueda gobernar tanto con el PP como con el PSOE a partir de propuestas concretas.

¿Qué relación ve posible entre Ciudadanos y el nuevo partido que se está promoviendo?

No se debe hablar de relación, creo que es el mismo partido, el mismo proyecto y esa debe ser la misma lista conjunta que hay que presentar en las elecciones de 2008 a lo largo de los territorios españoles. Me niego a hablar de formas diferentes, me parecería absurdo que entre personas como las que han sacado a la luz esa necesidad vasca y las que lo hicieron en Cataluña pudiera pensarse la posibilidad de que fueran algo distinto. Naturalmente esas cosas hay que hablarlas y me parece muy bien el proceso de diálogo entablado a partir de la iniciativa de San Sebastián. Que los amigos vascos no se hayan limitado a integrarse en Ciudadanos y que se busque el trabajar todos en una solución conjunta me parece interesante y puede formar parte de lo mejor del debate, pero me parecería del género tonto pensar que ésas son dos iniciativas diferentes.

¿Es internet un territorio de libertad política o es un espacio de embrollo y manipulación?

No, no. Internet es un espacio mucho más propio de la libertad y el diálogo que del embrollo y la manipulación. Situarlo en internet me parece, como mínimo, cómico. En internet todo es mentira hasta que no se demuestre lo contrario. Una sentencia mucho más liberal que la de los periódicos, donde pasa exactamente lo contrario. Por supuesto que en internet hay basura, pero las basuras se recogen cada noche en las ciudades.

¿En la prensa española asistimos más a una batalla económica y empresarial que ideológica?

No lo sé, de esas cosas no entiendo demasiado. Por supuesto no me chupo el dedo y sé que la prensa es un negocio y que hay dinero a ganar. Para mí lo importante de la prensa, lo que es mi trabajo, es simplemente verificar si sirve a las condiciones de objetividad y veracidad que los ciudadanos y la propia democracia exige a esos medios. Y, lamentablemente, no me parece que eso en estos momentos en España sea cierto. Por supuesto existe una absoluta libertad de expresión y ésta es muchísimas veces la libertad completamente cómoda de manipular lo que se lee.

¿A dónde nos lleva el cada vez mayor desprestigio de la política y los políticos?

A malos lugares, a malos caminos. No sé a dónde. Me gusta opinar sobre lo que estoy viendo y no sobre lo que pasará. Por lo tanto me da la impresión de que lo que tenemos que juzgar es este momento de descrédito absoluto del sentido, en el cual por cierto destaca nuestro presidente del Gobierno. Creo que una sociedad deja de ser interesante cuando se plantea que el sentido de las cosas, la búsqueda de la verdad y la pasión de la discrepancia dejan de ser importantes. Cuando le pasa eso a una sociedad, no sé si acaba o no en sitios pocos recomendables, pero desde luego que deja de ser algo socialmente interesante y atractivo.

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