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Nunca había sido tan baja la participación de los ciudadanos catalanes en unas elecciones. Y lo mejor es oír algunas justificaciones. Por ejemplo la del cansancio electoral. El hecho de que Cataluña haya votado recientemente en el referéndum del Estatuto, en las autonómicas y ahora en las municipales. ¡Pobre y cansada Cataluña! Lástima que esta tesis tenga un pequeño problema: ¿si nunca hubo esfuerzo cómo ha podido haber cansancio? Todos los porcentajes de esas elecciones estuvieron marcados por la indiferencia. Las causas de la abstención son materia predilecta de análisis en los estudios electorales. Se vota cuando se ve el status quo en peligro o cuando se pretende alterarlo. Nada de eso sucede en Cataluña. El status quo está más asentado que nunca.

Las dos tendencias fundamentales de la Cataluña democrática, la socialdemocracia y el nacionalismo, se han fusionado en lo que hoy se llama el tripartito. Un régimen que sintetiza desde sus tres esquinas la práctica, política y nacionalmente, correcta. Se trata además de un régimen perfectamente apuntalado en la escuela y en los medios. Todos los estudios disponibles sobre profesores y periodistas catalanes revelan su íntima y sincera adhesión a esa práctica, y no sólo por oportunismo laboral. Es mucho peor: lo llevan dentro. No hay otro lugar en España (ni siquiera Andalucía o el País Vasco) donde la ecología comunicativa tienda más a la especie única. Cataluña aburre. Sólo hay que ser catalán, y vivirlo, para comprender hasta qué punto. Sin embargo, tampoco parece que haya una pretensión abrumadora de alterar el sentido de la cosas. Si obligaran a votar a todos los abstencionistas el resultado no variaría sustancialmente. Hay pruebas: la más evidente es que Pujol obtuvo su mejor resultado electoral (en 1984) cuando más gente votó.

Todo esto puede que tenga poco interés para los aburridores. Viven bien embutidos en su chandal y en su heroica pereza dominical. Algo más debería preocupar a los que llegaron para instalar la alegría energética de la discrepancia. El partido de los Ciudadanos tiene múltiples clavos a donde agarrarse para explicar sus muy discretos resultados del domingo. Sí, los medios. Los económicos, tan ríspidos; y los informativos, tan desdeñosos. Pero con ello se contaba desde el primer día. Es más: se señalaban las virtudes prácticas del acorralamiento: lo que está prohibido ver, reluce. Es un mal camino comportarse como lo que se denuncia. La realidad de estas penosísimas elecciones catalanas, donde por vez primera en España (¡ah, la vanguardia catalana!) la xenofobia toma asiento electoral, ofrece además una lección insospechada: 24.754 ciudadanos de Barcelona no sólo fueron ignorados por los medios, sino que fueron específicamente perseguidos por el eco percutiente de las propuestas partidistas. Suman 1.148 votos más que los que fueron a Ciutadans. Son votos en blanco, y no practican el victimismo. Sólo esperan, con la suma de muchos abstencionistas, que alguien encarne en Cataluña la pasión, la nobleza y la euforia de la política.

(Barcelona, capital de Cataluña. Votaron 611.941 personas. Se abstuvieron 622.370. Hubo 24.754 votos en blanco. y 3.472 nulos. En treinta años de democracia no hay unas cifras electorales comparables)

ARCADI ESPADA. Blog de Arcadi

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