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Todos nos hemos hecho eco del asunto de los vídeos que han mostrado a policías catalanes –mossos d’esquadra- apaleando a detenidos esposados. Las reacciones han sido variopintas, pero superficiales en general. En Cataluña, las fuerzas de orden han lamentado la mala imagen de los mossos y de las instituciones catalanas, y las de cierto desorden –interior depende de Joan Saura, de Iniciativa per Catalunya, que hizo una campaña electoral donde los candidatos del partido presumían de antisistema- han preferido presumir de las pruebas de transparencia y control de las tareas policiales que esos vídeos inculpatorios demostrarían.

 

Ya se sabe que el candor imbatible de la izquierda reaccionaria –la que se moteja a sí misma de antisistema– tiene una capacidad casi ilimitada no sólo para absolverse absolutamente por sus propias faltas –la inocencia perpetua-, sino también para exhibir esas faltas como la demostración más palpable de su buena voluntad. ¿Que la policía nacional catalana comete abusos y maltrata a los detenidos, estando a las órdenes de un “antisistema” de Iniciativa? Pues eso demuestra que nadie mejor que Iniciativa para garantizar a los ciudadanos que, si son maltratados y vejados en comisaría, se acabará sabiendo. A transparencia no nos gana nadie, parecen proclamar con orgullo.

Lo que a Iniciativa y sus antisistemas integrados parece escapárseles es que su responsabilidad como gobernantes no se limita a hacer públicos los fallos del sistema y lavarse las manos a lo Pilatos en lo relativo a su comisión y consecuencias, sino que consiste en garantizar razonablemente que hechos semejantes no volverán a repetirse porque se hará lo que sea necesario, y legalmente posible, para erradicar conductas como el abuso policial sistemático. Esto parece darles exactamente lo mismo, porque si alguien más vuelve a sufrir torturas y vejaciones en una comisaría nacional catalana, será el propio consejero quien se apresurará a hacer públicas tales sevicias, sin incurrir en el vicio de taparlas. Dicho de otro modo, esos políticos utilizan la transparencia informativa –más apropiado sería hablar del escándalo causado- para ocultar sus fracasos. Porque los responsables penales de los maltratos son los maltratadores, pero los responsables políticos son quienes están a su mando.

La verdad es que semejante conducta torticera y manipuladora no saldría gratis a Joan Saura, ni a otro en su caso, si hubiera un poco más de exigencia ciudadana en este campo, como en muchos otros. Pero la triste verdad es que tal exigencia generalmente brilla por su ausencia. Eso explica la impunidad con la que los representantes de esa gauche divine antisistema se pasea por el mundo pese a su habitual irresponsabilidad e impostura en cualquier tema importante, recibiendo aplausos y votos en vez de silbidos y abandonos.

Un ejemplo notable de beneficio de esta extremada indulgencia lo proporciona Javier Madrazo y su Ezker Batua, que, aliada con el partido independentista Aralar en lo que sólo cabe entender como un matrimonio de conveniencia, ha obtenido un resultado notable en las últimas elecciones municipales. Sin embargo, es un hecho que la Consejería de Vivienda y Asuntos Sociales, al servicio de Madrazo, ha fracasado extrepitosamente en la tarea de proporcionar viviendas accesibles a los pobres, especialmente a los jóvenes. Da igual. Madrazo culpa a los especuladores, esa especie social volátil e inlocalizable que cumple en esto de la vivienda ese papel de chivo expiatorio tan oportuno. Madrazo cumple fracasando: su mayor victoria es que sus fracasos nunca sean considerados tales, sino demostraciones de la maldad de terceros y del sistema, ese ectoplasma. Es incapaz de hacer ni una décima parte de lo que promete en su programa electoral y de gobierno, pero es todavía más incapaz de asumir la más mínima responsabilidad por ello. La culpa de sus fracasos e incumplimientos es siempre de otros, pero el gobierno y los fondos públicos son para él y sus secuaces. Como hace Joan Saura. Lo increíble, o no tanto, es que esa actitud sea premiada con votos y amplio reconocimiento social del “compromiso” de estas fuerzas impostoras. Hay una explicación, aunque es fea: hay gente que vota a Saura o Madrazo, o a Llamazares, y lo hace para conseguir también ese aura de inocencia infinita, de esa absoluta y adolescente irresponsabilidad que protege a sus líderes políticos, se trate del asunto de ETA, de la carestía de la vivienda o del abusos de los mossos d’esquadra.

Puro ritual de absolución y autoindulgencia perpetua: a mí, que me registren: yo soy de izquierda y antisistema, es decir, no soy ni seré culpable de nada. Inoshenshia for ever.

CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN. Blog de Carlos

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